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martes, 25 de agosto de 2026

La angustia no estaba decretada


El rostro del médico era grave. Volvió a revisar una y otra vez la historia clínica y examinó las imágenes.

—No habrá otra alternativa. Tarde o temprano tendrás que someterte a un trasplante —sentenció—. Y es mejor hacerlo cuanto antes, antes de que tu estado de salud empeore.

Las palabras del médico llenaron de angustia al hombre que estaba sentado frente a él. Un miedo paralizante recorrió todo su cuerpo. De ser una persona sana pasó a convertirse en un 'candidato a trasplante', y de repente se vio inmerso en un nuevo mundo de términos médicos que estaban destinados a afectar toda su vida.

Eran los primeros días del mes de Elul, pero para él ya eran Iamim Noraim... Su estado de salud obligó a acelerar todos los procedimientos. Se sometió a una serie exhaustiva de estudios y, pocos días después, recibió la noticia de que había sido colocado en un lugar privilegiado de la lista de espera y que, probablemente, el trasplante se realizaría inmediatamente después de Simjat Torá.

La noticia le dio esperanza, pero al mismo tiempo lo llenó de temor. Los médicos le explicaron no solo las posibilidades de éxito, sino también los riesgos, y esos pensamientos perturbaban su tranquilidad. Sentía con enorme intensidad el significado de las palabras que pronunciamos en los Iamim Noraim: "Quién vivirá y quién morirá..."

Como jasid del Rebe de Gur, el Pnei Menajem, Rab Pinjas-Menajem Alter, fue a pedirle consejo y recibir su Broje. Con las piernas temblorosas entró en su habitación y le contó todo lo que había sucedido y lo que los médicos le habían dicho.

El Rebe se interesó por los detalles y quiso saber quiénes eran los médicos que lo habían examinado y quién sería el médico encargado de realizar el trasplante.

—Gracias a Di-s, me adelantaron y ahora estoy al principio de la lista. Beezrat Hashem, el trasplante se realizará después de Simjat Torá —dijo el jasid.

El Rebe lo miró con ojos llenos de ternura y afecto paternal.

—Un nuevo año está por comenzar. ¿Por qué tienes que preocuparte por el mañana? Con la ayuda de Hashem te recuperarás y no necesitarás ningún trasplante —le dijo.

El jasid quedó boquiabierto de asombro. Cuando salió de la habitación era un hombre diferente. Sus pasos se volvieron ligeros y, con cada uno de ellos, se desprendían de él las pesadas cargas de tensión y angustia que llevaba consigo.

—¡El Rebe me dijo que no necesitaré un trasplante! —les anunció a sus familiares con la voz entrecortada por la alegría.

Volvió a ser el hombre que había sido y se entregó a la Avodá espiritual de los días de Elul y de las Slijot, preparándose para el inminente Rosh Hashaná.

Pasó los días de Rosh Hashaná junto a miles de jasidim en el beit midrash del Rebe, en una elevación espiritual indescriptible. Sus plegarias brotaban de su corazón, pero no desde el miedo y la tensión, sino desde un lugar de alegría, fe y confianza.

Al finalizar el Iom Tev, pasó junto con la multitud de jasidim frente al Rebe para recibir su bendición de despedida.

—¿Debo cancelar el turno para realizar el trasplante? —preguntó.
—¡Por supuesto! —respondió el Rebe categóricamente.

La respuesta contundente disipó los últimos vestigios de duda que todavía anidaban en su corazón.

Con el corazón rebosante de alegría, llamó a la clínica de trasplantes y anunció que cancelaba el turno. La empleada que atendió el teléfono le explicó las consecuencias de la decisión que estaba tomando, pero el jasid se mantuvo firme y confirmó que renunciaba al turno.

Pasó los Diez Días de Teshuvá y Yom Kipur como si todo el asunto del trasplante hubiera sido un sueño lejano que se había desvanecido. Los días transcurrieron para él con una elevación espiritual que nunca había experimentado. Durante Sucot bailó en Simjat Beit Hashoevá junto a miles de jasidim.

Y entonces llegó Simjat Torá.
Estaba en el beit midrash del Rebe, esperando que este entrara al salón. El Rebe lo vio y le dijo:

—Ahora que estás sano, ¡puedes alegrarte con la Torá con mucha más fuerza y entusiasmo!

Las palabras del Rebe volvieron a encender su alma. En Simjat Torá, el día en que se suponía que debía estar lleno de tensión, preparándose para el trasplante que se avecinaba, ahora bailaba con el rollo de la Torá con el entusiasmo de un joven, empapado de sudor por la alegría de la mitzvá.

Al finalizar todo el Jag volvió a abrirse paso entre la multitud de jasidim para recibir del Rebe su bendición de despedida.

—Tendrás que someterte al trasplante —le anunció el Rebe.
El jasid quedó atónito, pero el Rebe lo tranquilizó:
—No te preocupes. Todo saldrá bien y te recuperarás rápidamente.

El jasid lo miró con los ojos muy abiertos, sin lograr comprender el sentido de aquellas palabras.

—Vi la enorme tensión en la que estabas sumido y quise levantar tu ánimo y regalarte unas semanas de tranquilidad y serenidad —explicó el Rebe.

El jasid seguía inmóvil, como clavado en el lugar.

—Pero ¿qué pasará con el turno? ¡Si yo lo cancelé! —murmuró.

—Llama y averigua si el turno todavía está disponible —respondió el Rebe, y le dio su bendición.

A la mañana siguiente, el jasid llamó a la clínica de trasplantes.

—Su turno sigue vigente —le respondieron.

Y, efectivamente, se sometió al trasplante, que resultó exitoso.

Inmediatamente después de recuperarse, fue a contarle al Rebe sobre el éxito de la operación.

—Desde el Cielo estaba decretado que debías someterte a la operación —le dijo el Pnei Menajem—, pero no estaba decretado que tuvieras que sufrir esa angustia. Por eso hice que el mes de las festividades transcurriera para ti con tranquilidad y alegría. Cuando llamaste para cancelar el turno, yo llamé al médico y le pedí que lo mantuviera vigente....



Fuente: "Pnei Menajem", tomo II. Sijat Hashavua #1862

*

A veces no podemos cambiar lo que está destinado a suceder, pero sí podemos cambiar la manera en que lo vivimos. El Rebe le enseñó que, incluso cuando el desenlace ya estaba decidido, la angustia no tenía por qué formar parte del camino.

Eso es un Rebe: ver el dolor que hay detrás de las palabras y saber cómo aliviarlo.

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Josid Pnimi - Reb Peretz Mochkin y los Hidurim en Kashrut

Reb Peretz Mochkin fue Mashpia en Montreal, nombrado por el Rebe, desde 5712 [1952]. Un verdadero Josid, Talmid de Tomjei Tmimim de Lubavitch, hacía Farbrenguens en los que se podía apreciar la verdadera Avoide de un Jasídishe bójur: Iskafia, Hiskashrus, Bitul y, por sobre todo, un profundo Ahavat Israel.

Una anécdota refleja de manera especial lo que significa ser un Josid Amiti:

Una vez, Reb Peretz Mochkin fue a hacer un Farbrenguen en la casa de cierto Balebos que apreciaba mucho los Farbrenguens. Él y su esposa habían preparado y servido sobre la mesa todo tipo de Farbaisin (comida y bocados preparados para el Farbrenguen), con el deseo de agasajar a los presentes.

Durante el Farbrenguen, Reb Peretz y los demás presentes notaron que cierta comida que había servido la baleboste [la dueña de casa] no tenía los Hidurim de Kashrut que acostumbraban a cuidar los Lubavitcher Jsidim. Los Bojrim y Jsidim no se sirvieron ni probaron aquella comida. La baleboste, sin embargo, se dio cuenta de ello.

En cierto momento, Reb Peretz comenzó a cantar un Nigun Dveikus. Tomó un Lejaim y, mientras cantaba, se sirvió precisamente de aquella comida, procurando que la baleboste lo viera.

Al terminar el Farbrenguen, mientras lo acompañaban de regreso a su casa, Rebr Peretz explicó:

“Hay que cuidar mucho los Hidurim de Kashrut. En este caso, ustedes hicieron bien en cuidarse. Sin embargo, yo actué de otra manera. Quizás reciba mi merecido por ello, pero no podía avergonzar a una Idishe Mame. Prefiero 'recibir un Malkus' antes que avergonzar a una Idishe Tojter.”

Este Maise refleja la imagen de un verdadero Josid Pnimi.

Los Hidurim de Kashrut eran para Reb Peretz Mochkin algo que le era Noguea Benefesh. No eran simples costumbres o detalles secundarios: formaban parte de su Avodá y de su Irat Shamaim, que ardía en él en cada detalle de su vida. Y, sin embargo, en aquel momento supo dejar de lado incluso un Hidur que para él era Noguea Benefesh, para no causar una mínima vergüenza a otra persona.

Su Irat Shamaim no era menor por haber actuado así. Precisamente porque su Avodá y su Irat Shamaim eran tan profundos, supo reconocer qué exigía de él aquella situación: dejar de lado incluso algo tan preciado para él por el Kavod de otro Iehudí.

Eso es un Josid Pnimi: alguien cuya Avoda está profundamente arraigada en su ser, pero que, precisamente por esa Avoda, sabe salir de sí mismo y poner el Kavod de otro Iehudí por encima de su propio Rujnius.



Fuente: "Otzar Hajasidim" pág. 115
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En el ojo de la tormenta - El Huracán Andrew en Miami - 25 de Av


El huracán Andrew y el מופת del Rebe de Lubavitch

El 25 de Menajem Av se cumplen 34 años de los increíbles milagros que rodearon al huracán Andrew, una de las tormentas más temibles y devastadoras que haya amenazado al sur de Florida. En aquellos días, las autoridades y los expertos se enfrentaban a un escenario que podía convertirse en una catástrofe de dimensiones inimaginables: se advertía que decenas de miles de personas podían perder la vida y grandes zonas de Miami y sus alrededores habían sido llamadas a evacuar.

El domingo 24 de Menajem Av de 5752 [23/08/1992], el ojo del huracán —una tormenta de categoría 5, con vientos de una fuerza extraordinaria— se dirigía directamente hacia la zona donde se encontraban los shlujim de South Florida.

Ante la gravedad de la situación, el Rabino Rafael Tennenhaus llamó al Rabino Avrohom Korf, ' 'Head Shliaj' del estado de Florida, y le preguntó si debía comunicarse con el Rebe.

El Rabino Korf dudó y le sugirió que fuera él mismo quien llamara.

No era una llamada cualquiera. Apenas habían pasado seis meses desde que el Rebe había sufrido un derrame cerebral en el Ohel, el 27 de Adar I de 5752.

A las 8 de la mañana, el Rabino Tennenhaus llamó a la oficina del Rebe. Atendió el mazkir, el Rabino Leibel Groner ע״ה, y le explicó la situación: el huracán se acercaba con una fuerza extraordinaria y se estaba solicitando la evacuación de buena parte del sur de Florida.

El Rabino Groner le advirtió que no podía asegurarle que lograría obtener una respuesta.

Sin embargo, una hora después, a las 9 de la mañana, volvió a llamar.

La respuesta del Rebe era clara y categórica:

No debían evacuar. Debían quedarse en sus casas.

Poco después, el Rabino Leibel Schapiro, de Miami Beach, llamó para preguntar si aquella instrucción también se aplicaba a Miami Beach.

La respuesta volvió a ser categórica: tampoco debían evacuar.

Una tercera consulta llegó poco después. El Rabino Rafy Solomon, que vivía en Sunny Isles, entre Hallandale Beach y Miami Beach, preguntó si la misma indicación se aplicaba también a su zona.

Una vez más, el Rebe insistió: debía quedarse y no evacuar.

Y así fue.
El huracán Andrew fue la tormenta más poderosa que el Rabino Tennenhaus había presenciado en sus 40 años de Shlijut en South Broward.

Miles de personas que vivieron aquellos momentos pueden relatar los milagros que experimentaron desde su propia perspectiva.

Pero años más tarde surgió un detalle especialmente revelador.

Reb Yingy Bistrisky, un verdadero Ish HaJesed, le contó al Rabino Tennenhaus, durante una boda, que él se encontraba en aquel entonces en la habitación del Rebe como miembro de Hatzalah cuando la información fue presentada por primera vez al Rebe.

Le relató:
 “El Rabino Groner le preguntó al Rebe, respecto de tu pedido de las 8 de la mañana de aquel domingo, de cinco maneras diferentes, si debíamos evacuar o permanecer en el lugar. En cada una de las cinco ocasiones, tanto ante las preguntas formuladas en sentido positivo como ante las formuladas en sentido negativo, el Rebe asintió con fuerza y fue categórico en que debíamos quedarnos y no evacuar."

Posteriormente, los propios expertos reconocieron que una de las razones por las que sus terribles predicciones no se hicieron realidad fue que Andrew resultó ser una tormenta “seca”, con mucha menos lluvia de la que habían anticipado.

Para los jasidim, sin embargo, no había duda alguna: habíamos sido testigos de un milagro manifiesto, anticipado por el Rebe.

El Rabino Tennenhaus cuenta que, desde entonces, nunca deja pasar el 25 de Menajem Av sin decir un Lejaim, generalmente en su Shul, en el marco de un Farbrenguen jasídico.

El milagro también tuvo repercusión en los medios de comunicación de todo el mundo. New York Newsday publicó la historia y citó las palabras del Rabino Tennenhaus al referirse a un cartel que había quedado en pie después de la tormenta:
“Nuestro cartel que decía ‘Torah in Action’ permaneció en pie. No fue derribado por los vientos de 150 millas por hora. El cartel del banco que estaba al lado cayó estrepitosamente al suelo.
Es un recordatorio de que el dinero viene y va. La Torá perdura para siempre."

Mientras todo a nuestro alrededor parecía estar a merced de una tormenta incontrolable, hubo una indicación clara del Rebe: no tener miedo, quedarse firmes y confiar.
El cartel de Torah in Action quedó en pie.
“Torah lasts forever.”




©JasidiNews

La lección que le dio el Alter Rebe a Reb Pinjas Raizes: Siempre tener algo consigo para darle al otro

Rab Pinjas Raizes, uno de los prominentes jasidim del Alter Rebe, era conocido tanto por su grandeza en Torá como por su considerable riqueza.

Cierta vez, mientras caminaba junto al Alter Rebe, un hombre pobre se acercó para pedirle tzedaká. Rab Pinjas se disculpó:

—Perdóname, pero en este momento no llevo dinero conmigo.

El Alter Rebe le comentó luego:

— No es apropiado que una persona como tú salga de su casa sin dinero. Mira: si hubieras llevado algunas monedas contigo, sin duda habrías ayudado generosamente a este pobre. Por no haber salido preparado, él se quedó con las manos vacías y continúa pasando necesidad.

Rab Pinjas grabó aquellas palabras en su corazón. Desde ese día, siempre se aseguró de llevar dinero [efectivo] consigo.

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A primera vista, la enseñanza parece ser la importancia de estar siempre preparado para cumplir una mitzvá. Así como uno procura tener siempre un par de tefilín disponible para otro judío, también debe llevar consigo algunas monedas para poder dar tzedaká en cualquier momento.

Sin embargo, hay un mensaje aún más profundo.

¿Por qué ese pobre se acercó precisamente a Rab Pinjas? Porque sabía que tenía los medios para ayudarlo. Él acudió al "rico", convencido de que encontraría allí aquello que necesitaba para dar alivio a su situación.

También nosotros debemos recordar que somos los "ricos".

Hashem nos enriqueció con un tesoro incomparable: el privilegio de estudiar y conocer Jasidut, la Torá de los Rebeím.

Hoy en día es un fenómeno visible: judíos de toda clase de comunidades —jasidim de otras corrientes, litaím, ashkenazím y sefaradím— sienten una creciente sed por estudiar las enseñanzas de los Rebeim de Jabad. Buscan la claridad y la profundidad únicas con las que Jasidut ilumina los conceptos de la Torá.

Por eso, cuando otro iehudí se cruza en nuestro camino, muchas veces nos está pidiendo —aunque no lo exprese con palabras— una idea de Torá, un pensamiento del Rebe, una enseñanza de Jasidut que ilumine su vida.

¡Qué triste sería responderle: "No tengo nada para compartir"!

Las palabras del Alter Rebe resuenan entonces con un significado renovado:

—No está bien que salgas de tu casa con las manos vacías.

Cada judío debería salir cada mañana llevando consigo, además de lo necesario para sus asuntos materiales, una enseñanza de Torá, una idea del Rebe, un pensamiento de Jasidut listo para compartir cuando se presente la oportunidad.

Solemos referirnos al Jasidut con el acrónimo דא"ח,
דברי אלקים חיים
 ("las palabras del Di-s Viviente"). Sin embargo, en numerosas ocasiones el Miteler Rebe lo denomina simplemente דברי חיים: "palabras de vida".

Y si tenemos en nuestras manos palabras de vida, ¿cómo podríamos negar esa vida a otro judío que tiene sed de ella?


Fuente: Rab Sholom Avtzon
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Cuando la Neshamá comenzó a cantar - 20 de Av


A primera vista, nada hacía pensar que era judío. Llevaba la cabeza descubierta, el rostro completamente afeitado y vestía como los cantantes de ópera de la Rusia de aquellos años. Era el famoso Sr. Liber, un reconocido tenor de la década de 1930.

Sin embargo, en lo más profundo de su corazón nunca olvidó quién era. Era un descendiente de Rabí Abraham "HaMalaj", hijo del Maguid de Mezritch. Durante el resto del año ocultaba cuidadosamente su identidad judía, pues manifestarla podía costarle su carrera e incluso atraer la atención de la policía secreta soviética. Pero cuando llegaban los Iamim Noraím, regresaba a su pueblo, al Shul.

Los empleados estatales recibían un mes de vacaciones al año. Muchos Jazanim aprovechaban ese permiso para hacerlo coincidir con las Altas Fiestas. Para evitar sospechas, viajaban a ciudades lejanas.

Así fue como, en uno de los días de Elul, el Sr. Liber llegó a Yekatrinoslav (actual Dnipro) y se ofreció como jazán para Rosh Hashaná y Iom Kipur.

En aquella ciudad vivía una numerosa comunidad judía, aunque el régimen soviético había cerrado casi todas las sinagogas. Solo una permanecía abierta, oficialmente porque sus fieles eran obreros y artesanos: el gabai era sastre, el tesorero zapatero, y así sucesivamente. Allí rezaba también el gran rabino de la ciudad, Rabí Levi Itzjak Schneerson, padre del Rebe de Lubavitch.

Al mismo tiempo llegó otro candidato para el puesto de jazán: un hombre de aspecto claramente judío, descendiente de la prestigiosa familia rabínica Shapiro de Slavita. Ambos explicaron que deseaban profundamente rezar en un ambiente judío y que habían elegido Yekatrinoslav por la extraordinaria personalidad y valentía de su rabino.

Los dirigentes comunitarios los enviaron ante Rabí Levi Itzjak.

Con su mirada penetrante, el rabino comprendió enseguida que, para el Sr. Liber, el jazanut no era, en ese momento, más que un medio de ganarse la vida. Sin embargo, decidió pasar por alto ese detalle. Sabía que incluso un judío alejado, cuando se le brinda la oportunidad de derramar su alma en la Tefilá, deja aflorar todos los sentimientos que había guardado durante el año.

Aceptó a ambos como jazanim para los Iamim Noraím y también para Sucot, recordándoles la enorme responsabilidad que tenían: despertar el corazón del pueblo mediante la tefilá y fortalecer el sentimiento judío de cada asistente.

Al llegar Rosh Hashaná surgió un grave problema. Muchos judíos habían sido obligados por las autoridades soviéticas a presentarse a trabajar incluso en Rosh Hashaná y en Iom Kipur. Desconsolados, acudieron al rabino buscando una solución.

Rabí Leví Itzjak organizó un primer minián que comenzaba muy temprano por la mañana y concluía exactamente a las ocho. Así, quienes no tenían otra opción podían rezar y luego dirigirse inmediatamente a sus trabajos.

Inspirados por la grandeza espiritual del rabino, los dos jazanim desempeñaron su tarea con una emoción indescriptible. Sus plegarias brotaron de lo más profundo del alma y conmovieron a todos los presentes.

Al acercarse Iom Kipur, otra preocupación ocupaba la mente de Rabí Levi Itzjak. En muchas sinagogas existía la costumbre de apresurar las tefilot y terminar Neilá antes de la verdadera salida del día. De esa manera, mucha gente comenzaba a comer o realizaba trabajos mientras Iom Kipur aún no había concluido.

El rabino habló discretamente con los jazanim y les pidió prolongar las plegarias. Aunque algunos feligreses protestaban, ellos continuaron rezando lentamente. De ese modo, Neilá concluyó apenas unos instantes antes de la salida de Iom Kipur, evitando que muchos quebrantaran el ayuno antes de tiempo.

Después del ayuno, le costaba a Rab Levi Itzjak despedirse de la santidad del día. Tras beber una taza de té, reunía a quienes deseaban escucharlo en un farbrenguen que se prolongaba hasta altas horas de la noche.

Hablaba, una y otra vez, del inmenso valor de una Neshamá Iehudí. En especial recordaba a aquellos judíos obligados a trabajar durante las Altas Fiestas.

"Cuando terminaron su jornada laboral y llegaron para Neilá, el Shul estaba completamente lleno. No pudieron entrar y tuvieron que quedarse rezando en la calle, agotados por el ayuno y tras haber caminado largas distancias, con el corazón destrozado por haber sido obligados a trabajar en Rosh Hashaná y en Iom Kipur. Allí permanecieron, rezando con un quebranto imposible de describir."

Mientras relataba aquella escena, Rab Levi Itzjak rompió a llorar desconsoladamente. Al mismo tiempo expresó la inmensa satisfacción que provocaba en el Cielo el despertar espiritual de esos judíos y repetía emocionado:
"¡Vengan y vean lo que es un Iehudí!"

Los dos jazanim permanecieron junto al Rab también durante Sucot y Simjat Torá.

Durante las noches del Jag, quienes deseaban celebrar se reunían en su casa. Al principio entraban con temor, por miedo a los ojos de los informantes soviéticos. Pero una vez dentro quedaban completamente absorbidos por la inmensa alegría que irradiaba el Rab, hasta olvidar el mundo exterior.

Al regresar a sus hogares, ambos escribieron una carta de agradecimiento a la Rebetzin Jana, esposa de Rabí Leví Itzjak.

En ella describieron un fenómeno que jamás habían presenciado: mientras el Rab bailaba con una alegría desbordante en Simjat Torá, al mismo tiempo derramaba lágrimas interiores imposibles de describir.

El Sr. Liber confesó que el cambio espiritual que había experimentado durante aquellas semanas en Yekatrinoslav era fruto del encuentro con Rabí Leví Itzjak. La calidez, la profundidad de sus enseñanzas y la intensidad con la que vivía cada mitzvá habían despertado en él una parte de su alma que creía dormida.



Fuente: Sijat Hashavua #1129
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Todo queda en familia - 15 de Av


Cierto día, en el período comprendido entre la Primera y la Segunda Guerra Mundial, un josid visitó a su Rebe, el Imrei Emes de Gur, para consultarle acerca de sus dificultades económicas.

—Durante años compré mercadería a muy buen precio de una empresa judía en Berlín y luego la revendía con una buena ganancia. Pero hace poco recibí una carta informándome que ya no me venderán más. Ahora no sé de qué voy a vivir...

El Imrei Emes le preguntó:

—¿Cómo puedo yo ayudarte?

El hombre tuvo que admitir que ni él mismo sabía cómo el Rebe podría solucionar el problema.

El Imrei Emes permaneció pensativo unos instantes y luego dijo:

—Pronto viajaré junto con mi cuñado, el Rav de Bendin, a Marienbad. En el camino pasaremos por Berlín. Pregúntale a mi cuñado si está dispuesto a hacer una parada para visitar esa empresa. Si él acepta el desvío, yo también. Hablaremos con los dueños; quizás eso pueda ayudarte.

El jasid agradeció al Rebe y fue a ver al Rav de Bendin. Este respondió sin dudar:

—Si eso es lo que desea el Rebe de Gur, por supuesto que estoy de acuerdo.

Así fue como el Imrei Emes y su cuñado hicieron una parada en Berlín y se dirigieron a la empresa. El propietario no los conocía, pero quedó impresionado por su distinguida apariencia rabínica.

El Imrei Emes se presentó:

—Mi nombre es Avraham Mordejai Alter. En Polonia me conocen como el Rebe de Gur. Y este es mi cuñado, Janoj Tzvi HaKohen Levin, el Rav de Bendin. Además, también somos mejutonim: la hija de uno está casada con el hijo del otro.

Al oír esas palabras, el dueño dio un salto de la emoción.

—¿Podría repetir lo que acaba de decir?

El Rebe repitió:

—Soy el Rebe de Gur, y este es mi cuñado y también mi mejuton, el Rav de Bendin.

Por alguna razón, aquellas palabras lo llenaron de alegría. Su socio se encontraba en el piso superior, así que lo llamó de inmediato. Cuando este bajó, el propietario le pidió al Rebe que repitiera una vez más su presentación.

El Imrei Emes accedió:

—Soy el Rebe de Gur, y este es mi cuñado y también mi mejuton, el Rav de Bendin.

Los dos socios se miraron, sonrieron de oreja a oreja y, de repente, comenzaron a bailar con enorme entusiasmo.

El Imrei Emes y el Rav de Bendin observaban la escena completamente desconcertados, sin entender qué estaba ocurriendo.

Finalmente, uno de los socios explicó:

—Nosotros también somos cuñados. Yo tengo una hija y él tiene un hijo, y pensamos que sería una buena idea casarlos. Pero después nos surgió la duda de si era correcto que primos se casaran entre sí. Dejamos el asunto de lado, pero eso provocó una situación muy incómoda.

Nuestro negocio requiere que conversemos constantemente. Sin embargo, esa incertidumbre creó una tensión entre nosotros y casi dejamos de hablarnos. Así era imposible manejar la empresa, e incluso estábamos pensando en cerrarla.

Pero ahora ustedes llegan y nos cuentan que también son cuñados y, además, mejutonim. ¡Eso significa que nuestros hijos también pueden casarse! Si ustedes lo hicieron, nosotros también podemos hacerlo.

Este baile fue, en cierto modo, una celebración anticipada del compromiso. Estamos inmensamente felices. Y además, tampoco perderemos nuestro sustento. Ahora podremos volver a hablar con normalidad y continuar con el negocio. ¡Es casi un milagro!

Cuando finalmente se calmaron, el primer socio dijo:

—Perdónenme. Con toda la emoción ni siquiera les pregunté a qué habían venido.

El Imrei Emes explicó que había ido para ayudar a uno de sus jasidim.

—Él solía comprarles mercadería, pero recibió una carta informándole que ya no le venderían más.

El propietario respondió con una sonrisa:

—No hay de qué preocuparse. Ahora mismo escribiré otra carta diciéndole que puede seguir haciendo negocios con nosotros como siempre, y ustedes mismos podrán llevársela. La carta anterior fue enviada únicamente porque pensábamos cerrar la empresa. Pero ahora que sabemos que nuestros hijos pueden casarse, nuestro negocio continuará funcionando.

*

El mensaje de esta historia cobra un significado especial al acercarnos a Tu BeAv, el 15 de Av, el día que nuestros Sabios describen como uno de los más alegres del calendario judío.

Jamishá Asar BeAv simboliza la unión, la reconciliación y la construcción de nuevos hogares en Israel. En esta historia vemos cómo una simple conversación, basada en la confianza en la Torá y en el ejemplo de grandes tzadikim, no solo permitió concretar un matrimonio, sino que también devolvió la armonía entre dos socios y salvó el sustento de varias familias.

A veces, una decisión tomada con el Ruaj de la Torá tiene consecuencias mucho más amplias de lo que imaginamos. Cuando hay paz, unión y voluntad de construir, Hashem abre caminos que parecían cerrados.

Que en este Tu BeAv podamos fortalecer el amor y la unión entre Iehudim, construir hogares firmes sobre los valores de la Torá y ser testigos muy pronto de la unión perfecta de todo Am Israel con la llegada de Mashíaj, pronto en nuestros días.



Fuente: Adaptado por Yerajmiel Tilles a partir de Torah Wellsprings: Reflexiones recopiladas del Rab Elimelej Biderman.

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sábado, 15 de agosto de 2026

El Baal Shem Tov y el poder de las Tefilot de los ladrones



Cuentan la historia de una joven viuda que una vez llegó llorando ante el Baal Shem Tov.

—Hace poco perdí a mi esposo. Ahora mi pequeño hijo, mi único hijo, está gravemente enfermo. Los médicos han perdido toda esperanza. Por favor, Rebe, por favor ¡haga algo para salvar a mi hijo!

El Baal Shem Tov, cuyo corazón estaba siempre abierto, especialmente hacia los necesitados y oprimidos, la tranquilizó y le aseguró que regresara a su casa, pues su hijo estaría bien. Luego reunió a diez de sus santos Tzadikim ocultos para que rezaran por una Refuá Sheleimá del niño.

Pero fue en vano. Por más que intentaron abrir sus almas y, a través de ello, abrir los Shaarei Shamaim, lamentablemente no tuvieron éxito. El Baal Shem Tov percibió que el decreto celestial estaba sellado y que las Tefilot de los Tzadikim no podían revertirlo.

Sin embargo, el Baal Shem Tov no era de los que aceptaban un «no» como respuesta y se daban por vencidos. Se le ocurrió una idea. Le pidió a su cochero que preparara el carruaje y los caballos. Irían de viaje al bosque. Le indicó que se dirigiera a un lugar determinado, lo cual sorprendió al cochero, ya que se sabía que aquella era una zona peligrosa, donde acechaban ladrones y que todos evitaban.

Al llegar, el Baal Shem Tov bajó del carruaje y, pocos momentos después, para consternación del cochero, fueron rodeados por varios ladrones. Cuando el jefe de la banda vio que se trataba del Baal Shem Tov, bajó su arma y, maravillado y asombrado, preguntó:

—Baal Shem Tov, ¿qué está haciendo aquí, en medio de este lugar desolado?

El Baal Shem Tov respondió:

—Escucha, necesito hablar contigo. Necesito tu ayuda.

Todos se preguntaban qué podía necesitar el Baal Shem Tov de unos humildes ladrones. Entonces continuó hablándole al jefe de la banda:

—Necesito que reúnas a diez de tus ladrones y vengas conmigo a rezar por un niño enfermo.

El jefe de los ladrones no lo comprendía, pero como el Baal Shem Tov se lo estaba pidiendo, accedió. Reunió un minián de sus compañeros de delitos y rezaron junto al Baal Shem Tov.

El niño se recuperó milagrosamente.

Más tarde, cuando sus sorprendidos alumnos le preguntaron: «¿Cómo pudieron lograr con diez ladrones más de lo que habían podido lograr con diez Tzadikim?», el Baal Shem Tov respondió:

—Es sencillo. Vi que todas las puertas del Cielo estaban cerradas. Y pensé que quién mejor que unos ladrones, que saben cómo entrar incluso cuando las puertas están cerradas.


***

Hay aquí un mensaje profundo. Todos somos «ladrones» a nuestra manera. Una vez que una persona ha transgredido, tiene el poder no solo de corregir sus caminos, sino también de aprender de sus propias caídas. Incluso sus errores pueden enseñarle, y enseñarnos a todos, nuevas formas de abrirnos paso y alcanzar alturas que una persona que nunca ha enfrentado esas dificultades quizá jamás podría alcanzar.

Nuestras propias caídas y dificultades pueden darnos herramientas y fuerzas que no tendríamos de otra manera. No debemos desesperarnos por nuestras imperfecciones: debemos aprender de ellas y utilizarlas para acercarnos más a Hashem.



Fuente: Shabbos-Stories, de un e-mail de Chabad of Great Neck, NY.
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