domingo, 30 de marzo de 2025

2 de Nisan - Maise: Una noche de milagros

Durante los días turbulentos de la Revolución Bolchevique en Rusia, el Rebe Rashab, Rabí Shalom-Dovber de Lubavitch, quinto Rebe de Jabad, se había trasladado a Rostov tras el estallido de la Primera Guerra Mundial. En el invierno de 1920, cuando las sombras del comunismo se cernían sobre la ciudad, el Rebe se recluyó en su hogar y no permitió la entrada de nadie.

Sin embargo, en Purim, la angustia de los jasidim se transformó en esperanza. Se les informó que el Rebe celebraría un breve Farbrenguen, pronunciaría un Maamar de Jasidut y, luego, cada uno regresaría a su casa. Con expectación y reverencia, los jasidim entraron en silencio a su hogar, iniciaron la Seudá y aguardaron ansiosos su llegada.

Cuando el Rebe apareció, su rostro reflejaba una paz especial. Tomó un poco de Mashke y, con voz firme dijo: "Lejaim!". Al instante, los jasidim percibieron un cambio en su expresión. Con palabras llenas de inspiración, los animó a estar Besimjá. Luego, sacó una suma de dinero y ordenó traer abundante Mashke. Invitó a todos los presentes a levantar sus copas, decir "Lejaim" y cantar con alegría desbordante.

En aquellos tiempos, las restricciones eran severas: salir de casa más de tres horas por la noche estaba prohibido, al igual que cualquier tipo de reunión. Beber en grupo y recolectar donaciones se consideraban delitos graves. Sin embargo, en aquella noche de Purim, en la casa del Rebe, la luz de la alegría y la fe desafiaban la oscuridad de la opresión.

Todos sintieron la magnitud de aquel momento y la cercanía única con el Rebe. Con entusiasmo desbordante, elevaron sus voces en un canto poderoso que resonaba incluso en la calle. En aquel instante, era como si hubieran olvidado dónde estaban. El Mashke fluía como agua, la alegría se desbordaba y el Rebe dirigía la atmósfera con una intensidad espiritual inigualable.

Su rostro reflejaba una conexión con otro mundo, y sus palabras ardían como llamaradas de fuego. Esa noche, los jasidim fueron bendecidos con un torrente de enseñanzas jasídicas y revelaciones como nunca antes habían experimentado.

De repente, en medio de la euforia, un jasid irrumpió en la sala con noticias realmente preocupantes: los bolcheviques estaban haciendo inspecciones por la ciudad y pronto llegarían a la casa del Rebe. Un escalofrío recorrió a los presentes, pero el Rebe permaneció impasible. Sin vacilar, continuó pronunciando sus santas palabras y ordenó que nadie se moviera. "Cuando canten, sigan cantando en voz alta", instruyó con determinación.

El miedo se apoderó de los familiares del Rebe. La Rebetzn intentó hacer que los jasidim bajaran la voz. Su hijo, Rabí Yosef-Itzjak (el futuro Rebe Rayatz), también estaba profundamente preocupado por lo que pudiera ocurrir. Pero el Rebe disipó todas las inquietudes con su inquebrantable serenidad.

Entonces, comenzó a recitar un profundo Maamar jasídico. En plena recitación, se escucharon golpes estruendosos en la puerta. Sin interrumpirse, el Rebe indicó que la abrieran y, sin voltear siquiera, continuó con su Maamer. A pesar del pánico, un jasid se dirigió a los bolcheviques y les informó con naturalidad: "En este momento, el Rebe está hablando". Los soldados preguntaron cuándo podían volver, y les respondieron: "En unas horas, cuando termine sus asuntos."

En un giro milagroso, los bolcheviques aceptaron la respuesta, se dieron la vuelta y abandonaron la casa, dejando tras de sí una atmósfera cargada de asombro y gratitud.

Pasaron algunas horas y, de repente, alguien volvió a golpear la puerta. Esta vez, los jasidim comprendieron que los bolcheviques regresarían para registrar la casa. No necesitarían buscar demasiado: sobre la mesa estaban las botellas de Mashke y una bandeja con el dinero recolectado para la recaudación de fondos organizada por el Rebe, pruebas innegables de "delitos penales" según el régimen.

El pánico se apoderó de los presentes. Con rapidez, Rabí Yosef-Itzjak cubrió la bandeja con una servilleta, pero el Rebe la apartó con determinación. Mirándolo fijamente, le dijo: "Yosef-Itzjok, ¡no tengo miedo! La paz estará con nosotros. No hablo de una paz oculta o encubierta, sino de una paz íntegra y abierta."

Los bolcheviques irrumpieron en la casa e inspeccionaron cada habitación. Cuando intentaron entrar en la sala de Yejidut, Rabí Yosef-Itzjak sintió un escalofrío de temor, pero el Rebe lo tranquilizó con palabras firmes: "Allí se anularán por completo." Luego añadió: "Hay que decir Jasidut para disipar la Klipá." Sin dudarlo, comenzó a recitar el profundo Maamar "Reshit Goim Amalek".

Mientras hablaba, repitió en varias ocasiones que era crucial prestar atención, pues estaba tratando un asunto Pnimi, algo que rara vez se revelaba. Los jasidim, sintiendo la gravedad del momento, agudizaron su concentración y absorbieron cada palabra con reverencia.

Durante la inspección en la sala de Yejidut, uno de los soldados bolcheviques aprovechó el caos para robar una pequeña caja de tabaco que estaba destinada para el Rebe para Pésaj. Reb Yaakov Landau, quien más tarde sería el rabino de Bnei Brak, notó el robo y no pudo quedarse en silencio. Con valentía, se dirigió al comandante del grupo y denunció el acto, exigiendo que la caja fuera devuelta. Como jasid leal, no podía permitir que un objeto sagrado del Rebe quedara en manos impuras.

El soldado ladrón, sorprendido al ser descubierto, no tuvo más opción que devolver la caja. Pero cuando la sacó de su regazo, ya estaba rota e inutilizable.

Milagrosamente, a pesar de haberlo tenido todo ante sus ojos, los bolcheviques ignoraron la reunión de los jasidim y los objetos sobre la mesa. Sin más, salieron y se dirigieron a la casa vecina. A través de una ventana, algunos jasidim observaron con atención sus movimientos.

De repente, vieron al soldado que había robado la caja sacar su pistola y examinar la boca del cañón. En ese instante, un disparo accidental resonó en la noche. La bala le atravesó el cuerpo, y cayó muerto en el acto. Sus compañeros, conmocionados, se vieron obligados a cargar con su cuerpo y retirarse.

Dos semanas después, el 2 de Nisán, el Rebe Rashab dejó este mundo y fue enterrado en Rostov, marcando el final de una era y el comienzo de un legado eterno.


Fuente: Otzar Hajasidim, Sijat Hashabua #1995

martes, 11 de marzo de 2025

Mensaje de Purim con anécdota divertida

El Frierdiker Rebe le recomendó a Reb Jatche (Yejezkel) Himelstein que se convirtiera en el Rov (Rabino) de una ciudad en particular. Sin embargo, Reb Jatche, conocido por su humildad, respondió: "No me siento digno de ser un rabino, hay ciertas Halajot (leyes) en Joshen Mishpat (asuntos monetarios) que no entiendo completamente."

El Frierdiker Rebe sonrió y le contó una historia. 
"En cierto Purim, un hombre había bebido demasiado Mashke y se quedó profundamente dormido en un banco. Algunos jóvenes traviesos lo vieron allí y quisieron divertirse un poco...encontraron una ropa (disfraz) de un galaj (cura) y se lo pusieron mientras dormía.

Cuando el hombre se despertó, todavía algo borracho, se miró y se sorprendió al ver que llevaba puesto el atuendo de un cura. '¿Qué es esto?', se preguntó. '¡No puede ser! Soy judío, no soy un cura!"

Aún con la mente nublada, el hombre pensó: "Pero.. si a fin de cuentas tengo puesto ropas de cura, debo ser un galaj!" No estaba seguro, así que decidió hacer una prueba. "Abriré un libro de los galajim y veré si puedo leerlo. Si puedo, soy un galaj. Si no, no lo soy."

Abrió el libro y vio que no podía leer nada, ya que estaba escrito en latín. "Definitivamente no soy un galaj", dijo. Pero luego siguió considerándolo: "¿Por qué estoy usando ropa de cura si no soy un galaj?"

Llegó a una conclusión divertida: "Soy un galaj, y probablemente la mayoría de los curas tampoco saben leer esto. No soy un inútil, y si ellos pueden ser curas sin saber leer, yo también puedo ser un galaj..."


El Frierdiker Rebe concluyó con una enseñanza valiosa: "Aprende de esta historia que no debes pensar que otros son más sabios o capaces que tú. Todos tenemos nuestras debilidades y limitaciones. Lo que diferencia a aquellos que logran el éxito es que no permiten que sus deficiencias les impidan avanzar hacia sus metas."

***

Al compartir esta historia con otros, me enteré de que el Frierdiker Rebe tenía un mensaje más profundo: 
Cuando se te asigna una responsabilidad, es común que la 'humildad' te haga sentir incapaz. Pero el Frierdiker Rebe le estaba diciendo: "Mira a aquellos que sí han logrado grandes cosas. ¿Crees que siempre tuvieron el talento para triunfar? No, perseveraron y tuvieron éxito de todos modos."

En otras palabras, aunque te falte claridad en ciertas áreas, con el tiempo y la perseverancia, podrás adquirir ese conocimiento. [El Frierdiker Rebe quería que Reb Jatche aceptara el desafío de convertirse en un Rov, y que no se dejara llevar por la idea de que no era digno.]

Además, hay un tercer mensaje en esta anécdota:

El Frierdiker Rebe destacaba que la posición o el cargo que ocupas puede influir sobre tu comportamiento, pero no te define como persona. Las ropas o el título que tengas no te convierten en alguien, es el esfuerzo y la dedicación lo que te lleva a crecer y a alcanzar tus metas.

Fuente: Reb Sholom Avtzon