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lunes, 24 de febrero de 2025

Fabulosa historia del "Jánuca Live" (#2)

Aunque esta historia ocurrió hace más de treinta años, en Janucá 5752 (1991), la escuché recién este año, de boca de un miembro de la familia con la que ocurrió. También la verifiqué con mi hermano, el rabino Mordejai Avtzon, que es el sheliaj en Hong Kong, así como con otras personas que estuvieron involucradas en esta historia. Sin embargo, no menciono ningún nombre, ya que algunas de las personas involucradas en la historia pueden preferir el anonimato.

Por Reb Sholom Avtzon


Nuestra familia se crió en el marco de una gran comunidad judía, pero no éramos observantes. Sin embargo, con el tiempo, algunos de los chicos se fueron acercando al judaísmo auténtico hasta que toda nuestra familia se volvió observante. Sin embargo, ese sentimiento no se extendió necesariamente a la familia más amplia. A pesar de esto, mis padres mantuvieron una estrecha amistad con todos los miembros de la familia, ya que éramos un grupo muy unido. Todos asistíamos a las celebraciones de los demás y, a veces, nos reuníamos para hacer picnics o asados familiares.

Una de las hermanas de mi madre no tuvo una vida fácil. Aunque ella y su marido tuvieron la suerte de tener dos hijas, enfrentaron muchos desafíos, y sus hijas crecieron en un ambiente un tanto disfuncional. Una de estas hijas tenía aptitudes musicales y, cuando era adolescente, tomó lecciones con un profesor no judío. Bajo su guía, hizo enormes progresos y encontró consuelo en la música. Lo admiraba no solo como maestro, sino también como figura paterna o mentor, creyendo y sintiendo que él se preocupaba por su bienestar. Veía en la familia de su profesor una familia feliz y tranquila, algo que ella había anhelado durante su infancia. Al notar que los miembros de aquella familia eran religiosos (católicos), supuso que esa podría ser la clave de su plenitud y felicidad. Cuando él le sugirió que practicara algunos rituales religiosos, ella estuvo dispuesta a hacerlo. Al poco tiempo, comenzó a llevar una cruz en su collar, al igual que las mujeres de la familia (del profesor).

La siguiente vez que hubo una reunión familiar, asistió como de costumbre, pero esta vez, llevaba el colgante. Uno de sus primos, o tal vez un tío o una tía, le comentó que, si bien no eran religiosos, nunca llevarían una cruz y pensaban que no era apropiado que ella lo hiciera. Esto la ofendió tremendamente. Se preguntó por qué hacían de eso tanto problema. Sus padres y la mayor parte de su familia extensa, (además de los que se habían vuelto religiosos,) no eran observantes, y ella había sido criada sin valores judíos. Sentía que el judaísmo no le había dado la paz que ahora encontraba en sus nuevas creencias. Se fue de aquel encuentro decidida a cortar todos los lazos con la familia.

Unos meses después, cuando su profesor le aconsejó que conociera a un joven, ella aceptó de inmediato. Después de un tiempo, decidieron casarse. El hecho de que él no fuera judío no le molestaba porque, como ya se mencionó, ella no tenía ninguna conexión con el judaísmo. En ese momento, su profesión era la terapia musical y tocaba música para los pacientes en un hospital. Un día, mientras se relajaba en casa, comenzó a buscar en los canales de la televisión algo interesante para ver. Para su sorpresa, se encontró con una transmisión de un Rabino de pie junto a una Menorá mientras una gran multitud cantaba una melodía animada. No tenía idea de que el rabino era el Rebe de Lubavitch y nunca había oído hablar de él. Algo en ese momento captó su atención, tal vez la paz en su rostro o la alegría que emanaba de él y de la multitud, por lo que decidió quedarse a mirar.

Pensó que a algunos de sus pacientes, especialmente a los judíos, les gustaría esto, así que grabó el programa para mostrárselos más tarde. Quedó cautivada, especialmente cuando vio al Gran Rabino de Israel encendiendo la menorá en el Kotel y al Gran Rabino de Francia encendiéndola junto a la Torre Eiffel. Supuso que todos los individuos que encendían la Menorá en otros países eran personalidades prominentes. Luego vio a un niño, de unos once o doce años, encendiendo la Menorá en Hong Kong. Pensó que él también debía ser especial.

El rabino de Brooklyn empezó a hablar. Ella no entendía el idioma, pero siguió la transcripción al inglés que aparecía en la parte inferior de la pantalla. Lo oyó decir algo que le pareció muy profundo: que cada noche añadimos una vela a la Menorá y que esa luz adicional ilumina no sólo la habitación sino el mundo entero, incluso cuando la enciende un niño de Hong Kong. Le pareció fascinante ese concepto y se propuso compartirlo con sus pacientes. También decidió enviárselo a sus primos, pues se estaba dando cuenta de que todo lo que había estado buscando podía encontrarlo en el judaísmo auténtico.

Cuando mi madre, su tía, recibió la grabación, se emocionó al saber que su sobrina estaba dispuesta a reconectarse con el judaísmo y con su familia. La sobrina no sabía que el rabino que aparecía en la transmisión era el Rebe. Mi madre le escribió una carta al Rebe, explicándole que su sobrina había roto lazos con la familia y el judaísmo hacía muchos años. Ahora, después de ver el evento en vivo de Janucá con el Rebe, les había enviado una grabación. Mi madre le pidió consejo al Rebe sobre cómo ayudar a su sobrina a reconectarse con el judaísmo.

Reb Binyomin Klein, uno de los secretarios del Rebe, la llamó a mi madre con la respuesta del Rebe: debía revisar la Mezuzá del apartamento de su sobrina. Esto confundió a mi madre por dos razones. En primer lugar, le preocupaba que visitar a su sobrina sin invitación pudiera verse como una intromisión y alejarla de nuevo. En segundo lugar, sabía que su sobrina no tenía una Mezuzá, así que no había nada que revisar. Se lo comentó al rabino Klein, quien le respondió: “¿Qué harías si hubiera una Mezuzá y descubrieras que no es kosher? Comprarías una nueva. Así que ahora, cómprale una Mezuzá y envíasela. Incluso si no la coloca en el marco de la puerta, al menos tendrá algo judío con ella." Eso fue exactamente lo que hizo mi madre. 

Varios años más tarde, mi hermana se puso de novia. Mi madre invitó a esta sobrina a la boda, como lo había hecho en todas las Simjes anteriores. Nadie esperaba que ella asistiera, pero para sorpresa de todos, lo hizo, y esta vez ya no llevaba el colgante con la cruz. Cuando mi madre la vio, corrió hacia ella y le agradeció efusivamente por haber venido.

Durante el Sheva Brajot, un miembro de la familia contó toda la historia de cómo media hora de ver al Rebe en la televisión transformó la vida de esta joven, especialmente la declaración del Rebe sobre cómo una vela puede iluminar el mundo entero. Todos permanecieron en silencio, maravillándose por la Hashgajá Pratit de su encuentro con la transmisión anual del "Januca en vivo". De repente, el Joson (el novio) rompió el silencio y anunció: “¡Yo era ese chico en Hong Kong hace catorce años!”

Resultó que el nuevo integrante de la familia había sido el catalizador del regreso de esta prima a su familia y a su identidad judía. Unos años más tarde, fue bendecida con un hijo y lo inscribió en una escuela judía. Esta historia nos recuerda cómo la luz de una vela realmente tiene el poder de iluminar el mundo.

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