lunes, 24 de febrero de 2025

22 de Shvat - Historia #2

22 de Shvat
Historia #2


El Sr. Isaac Milstein contó:

 “Mi familia emigró de Rusia a Israel y en 5738 (1978) nos mudamos a Nueva York. Mi madre encontró trabajo como estilista en Freeda Wigs en Crown Heights. Una vez, la Rebetzin llamó al local y pidió hablar con la gerente, la Sra. Kugel. Mi madre, quien atendió el teléfono, dijo: “La Sra. Kugel salió, ¿quiere dejar un mensaje?” y preguntó quién hablaba. La Rebetzin respondió pidiéndole que le comunicara que la Sra. Schneerson había llamado y le preguntó si la Sra. Kugel podía devolverle la llamada en otro momento. 

Fue en ese momento cuando mi madre se dio cuenta de que estaba hablando con la Rebetzin. Emocionada, exclamó: ‘¡Rebetzin! ¡Es un gran honor hablar con usted! Le transmitiré el mensaje”. La Rebetzin le dijo entonces a mi madre: “Puedo oír en tu voz que estás afligida por algo, ¿está todo bien?” 
Ante esta muestra de sensibilidad, mi madre no pudo contener las lágrimas.

Entre sollozos, le explicó que nuestra familia había emigrado recientemente a Estados Unidos y que, de repente, mi abuela había enfermado gravemente. Los médicos habían pronosticado que solo le quedaban unos pocos meses, o un año como máximo, de vida. 
La Rebetzin entonces comenzó a hablar en ruso y le dio una Brajá para que mi abuela se recuperara y que saliera de esa difícil situación en paz. Y así fue. Contra todas las sombrías predicciones de los médicos, mi abuela no solo se recuperó sino que vivió otros 23 años, desde 5738 hasta 5761(2001).” 


Esta historia revela no solo el poder de una Brajá de la Rebetzin, sino también su excepcional capacidad para percibir el dolor y la sensibilidad de los demás, incluso en un breve diálogo. Su empatía y comprensión hacia los demás son verdaderamente destacadas.

22 de Shvat - Yortzait de la Rebetzin

22 de Shvat - Yortzait de la Rebetzin
Historia especial traducida en honor al 37° aniversario 


Rab Leivi Azimov de París, Francia cuenta:

En honor al mes de Tishrei de 5730[1969], los jasidim organizaron un vuelo chárter especial de Eretz Israel a Nueva York (como lo habían hecho en años anteriores). Después de Tishrei, el avión despegó de regreso rumbo a Eretz Israel. Poco después, el Rebe preguntó a los mazkirim: “Voz tut zij mit dem charter? ¿Qué sucede con el chárter?” No entendieron lo que el Rebe preguntaba, ¡el avión acababa de despegar! Sin embargo, unos minutos después, llegó la noticia a 770: uno de los motores del avión se había incendiado en pleno vuelo, y milagrosamente habían logrado regresar al aeropuerto de Nueva York de forma segura. El Rebe procedió a darles varias instrucciones (incluyendo recitar un Maamar Jasidut en el aeropuerto), y finalmente partieron al día siguiente. 
Esta es la famosa historia del chárter, pero lo que se conoce menos es un contexto adicional. Mis padres, el Rabino Shmuel y Basya Azimov, formaban parte de aquel chárter (el avión los había recogido en Francia). Ese día, antes de la hora original de salida del avión, mis padres habían ido a visitar a la Rebetzin junto con mi hermano Mendel, que era un bebé en ese entonces, y mi abuelo, Reb Bentzion Shemtov. Mientras conversaban, la Rebetzin preguntó: “¿Cuándo viajan de regreso?” Mi padre respondió: “Esta noche.” La conversación continuó, y unos minutos después, la Rebetzin preguntó de nuevo: “¿Cuándo viajan de regreso?” “Esta noche,” respondió mi padre. Unos minutos después, preguntó por tercera vez: “¿Cuándo viajan de regreso?” “Esta noche.” Cuando se fueron, mi padre discutió este extraño suceso con su suegro, Reb Bentzion Shemtov, y ambos comprendieron que claramente algo andaba mal con el viaje. Tal vez no deberían ir... Al final decidieron tomar el vuelo, y fue entonces cuando falló el motor. 

Hay diferentes lecciones que uno puede extraer de esta historia. Una es el evidente Ruaj Hakodesh de la Rebetzin [y el fascinante hecho que tanto el Rebe como la Rebetzn percibieran el problema antes de que suceda]. Pero, a un nivel diferente, y quizás más profundo, esta historia nos brinda una lección de cómo ser un jasid. Muchas personas podrían no darle importancia a la repetición de la pregunta de la Rebetzin. ¿Quién dice que tenga algún significado? Pero los jasidim más involucrados sabían que había un significado más profundo. El Ruaj Hakodesh se reveló poco después. Así es como mi padre siempre nos contaba esta historia: para ilustrar cómo uno debe valorar una palabra de la Rebetzin.

Yud Shvat - "כְּדַאי הוּא"

Maise especial en honor a Yud Shvat

Por Reb Y.Y. Bukiet


Mi padre, el Rab Jaim Meir Bukiet, Rosh Yeshiva de la Yeshiva United Lubavitcher en Brooklyn, comenzó a sentirse mal (y tener problemas de salud) poco después de que mi hermana mayor se mudara a California en el verano de 1968. Mi hermana y su esposo, el rabino Yerajmiel Stillman, se habían establecido en Los Ángeles para servir como Shlujim en la UCLA y apoyar espiritualmente a los jóvenes estudiantes judíos de la universidad.

Mi hermana sabía bien la naturaleza trabajadora de mi padre y cómo se sumergía completamente en sus responsabilidades sin descansar. Por eso, le insistió para que visitara California y se tomara un descanso por un tiempo. Quería que se alejara del ajetreo de Nueva York y se recuperara en un entorno más relajado.

Mi padre inicialmente rechazó la invitación de mi hermana, ya que el Rebe solía desaconsejar los viajes en ese momento debido a su alto costo. Además, mi padre tenía una excusa válida: con tres o cuatro niños pequeños en casa, el gasto de un viaje en avión era algo inviable.

Sin embargo, mi hermana no se rindió y siguió insistiendo hasta que mi padre finalmente accedió a consultar con el Rebe. "Lo que el Rebe diga, eso haré", prometió.

La respuesta del Rebe fue concisa pero significativa: "Kedai Hu" ("Vale la pena") y "Azkir Al HaTzion" ("Mencionaré el asunto junto a la tumba del Frierdiker Rebe"). Con la aprobación del Rebe, mi padre reservó boletos de tren para él, mi madre y mis hermanos menores en Amtrak.

Viajaron a través del país hasta la costa oeste durante tres días hasta que finalmente llegaron un jueves por la tarde. En cuanto a los planes para Shabat, mi hermana sugirió que vayan a la Tefilá en el Beit Jabad, pero que luego cenaran con ella en la casa.

“¡No, no!”, protestó mi padre. “El Rebe dijo ‘Kedai Hu’. Esa no es una respuesta normal. Hay una razón especial por la que estoy aquí. Voy a comer en el Beit Jabad…”

“Tate, vas a estar aquí cinco o seis semanas. Descansa un poco. Puedes ir la semana que viene o la otra semana, otro Shabat”, respondió ella. “¡De ninguna manera!”, proclamó mi padre, con firmeza.
Ese viernes por la noche, el Beit Jabad de la UCLA recibió a unos 80 o 90 estudiantes universitarios. Tenían mesas para los muchachos y mesas para las chicas. Ese viernes por la noche, mi cuñado, el rabino Stillman, organizó las mesas de manera que haya una mesa principal donde se sentaría mi padre, ya que él sería el estimado orador invitado.

Lo invitaron a sentarse en la mesa principal, pero él se negó rotundamente diciendo: “¡No me sentaré en la cabecera de ninguna manera! ¡Me sentaré entre los jóvenes!”. Luego caminó alrededor de las mesas y se sentó entre dos estudiantes universitarios.

Empezó a romperse los dientes hablándoles en su mezcla especial de "Idish-English". Para sorpresa de mi padre, uno de estos chicos comenzó a responderle en perfecto idish, algo completamente inesperado de un estudiante de la UCLA. Para su sorpresa aún mayor, después de que mi padre le dijera de dónde era, originalmente de Jmielnik, Polonia, el estudiante, emocionado, le dijo que su Bobe y Zeide provienen de la misma ciudad, de Jmielnik. Luego contó los recuerdos que su Zeide compartió con él de la ciudad, que incluían el Shul y los detalles de la plaza central de la ciudad, ante la total incredulidad de mi padre. Esa noche, mi padre habló con ellos durante unas cuantas horas.
Este estudiante más tarde le comentó que hay una comunidad Jmielnik en Los Ángeles y lo instó a hablar con sus miembros. En su mayoría, se lamentó el joven, están decepcionados con respecto al idishkait debido a sus traumas en el Holocausto. Mi padre, recordando las palabras orientadoras del Rebe, alentándolo a viajar con las palabras: “Kedai Hu”, “vale la pena”, lo relacionó enseguida con la sugerencia de hablar ante aquellas personas mayores de Jmielnik, e inmediatamente accedió ir a hablar con ellos. Tal vez esto era lo que el Rebe tenía en mente cuando dijo “Kedai Hu”, pensó.

Después de Shabat, el estudiante se contactó con un conocido del club y acordaron que él hablara el jueves siguiente por la noche, que coincidía con la reunión mensual de los integrantes. Cuando se corrió la voz entre ellos, estas personas mayores de la sociedad se emocionaron. Todos conocían a la familia de mi padre. Su abuelo era el Shoijet del pueblo y todos estaban emocionados de conocer a su nieto.

Ese jueves por la noche, cuando se dio el encuentro, él trató de abrir sus corazones y reavivar el fuego del Idishkait que se había apagado por las tragedias que experimentaron. Realmente pudo identificarse con ellos, además de ser del mismo pueblo, también pasó por el Holocausto y perdió a toda su familia. Estaban muy orgullosos de él, cómo uno de los suyos, un muchacho de su pueblo que lo había logrado. Se convirtió en Rosh Yeshiva y era un importante Rav.
Después de la noche conmovedora que compartieron juntos, alguien escribió sobre ello y lo puso en el periódico de la comunidad. Principalmente para aquellos que no pudieron asistir. Mencionaron que mi padre, el nieto del Shoijet, vino y habló con ellos, pero quien no lo haya visto todavía tenía la oportunidad de comunicarse con él, ya que estará por la zona durante las próximas semanas.

Como resultado, una señora que no había asistido a la reunión llamó y solicitó una reunión con mi padre diciendo que tenía algo muy importante para decirle. Él sintió fuertemente que algo extraordinario estaba por suceder, así que hizo que todos en la familia se vistieran con ropa de Shabat. Todos fueron al Beit Jabad con sus mejores ropas para encontrarse con esta mujer que tenía aquel importante mensaje.

Esta señora recordó cómo estaba en el mismo vagón de tren que los padres de mi padre en 1943, alrededor de la época de Sucot, mientras los llevaban a la fuerza a un campo de exterminio. Después de viajar durante unos días en este tren lleno, notó que a veces el tren disminuía la velocidad, en varias curvas. Ella le sugirió a mi abuela (la madre de mi padre) que en esos momentos en que el tren iba más lento, podían trepar por la ventana alta y saltar del tren. Entonces podrían correr hacia el bosque y escapar de la muerte segura a la que los estaba llevando el tren. Mi abuela dijo tristemente que no podía hacerlo. Ella ya era mayor y pensó que la caída la lastimaría severamente o algo peor. Pero animó a esta señora, que era muy joven en ese entonces, a saltar y la ayudó levantándola hasta la ventana cuando el tren disminuyó la velocidad nuevamente, salvándole así la vida. Antes de que saltara, mi abuela le pidió una cosa...

[Nota: Apenas estalló la guerra, mi padre regresó de la Yeshivá a su casa. Sus amigos de la Yeshivá le enviaban cartas diciendo que el Frierdiker Rebe les estaba diciendo que se fueran de Polonia, que escaparan. Sin embargo, sus padres se negaban a dejarlo ir, ya que era su único hijo. Lo llevaron a varios Rabanim para demostrarle que debía quedarse, ya que él seguía pidiendo irse. Finalmente, para la época de Purim, él simplemente se escapó y dejó a sus padres atrás. Sin embargo, nunca se lo perdonó. Después de llegar a Estados Unidos, durante meses, acudía a la agencia de Manhattan que anunciaba quincenalmente las listas de sobrevivientes, con la esperanza de que al menos uno de sus padres se salvara, lo que lamentablemente no ocurrió.]

“Por favor, hazme un favor. Si alguna vez te encuentras con mi hijo, dile que hizo lo correcto. No debe sentirse mal por habernos dejado atrás. Fue bueno escuchar al Rebe. Tendré un zeijer, un recuerdo y una continuidad.” Mi abuela le pidió, aceptando su destino y quedándose en el tren.


‘Kedai Hu’, ‘Vale la pena’.

Para mi padre valió la pena escuchar al Frierdiker Rebbe durante la guerra, eso le salvó la vida.

‘Kedai Hu’, ‘Vale la pena’.

Para mi padre valió la pena escuchar al Rebe en aquel entonces (1968/9), ya que le permitió cerrar un doloroso círculo personal.

“Kedai Hu”, “Vale la pena”.

Para todos nosotros, escuchar al Rebe sigue siendo relevante y valioso hoy en día. Vale la pena. Sus enseñanzas claras y orientadoras nos guían a través del Galut y nos preparan para la llegada de la Gueulá definitiva y concreta, que esperamos suceda muy pronto.



©JasidiNews 
______


📣Para sumarse al grupo de Jasidishe Maises: 

https://chat.whatsapp.com/Gwm3R4tolqRLKB4HtPwigH

4 de Shvat - Yortzait (Hilula) del Baba Sali

4 de Shvat - Historia especial 
En honor al Yortzait (Hilula) del Baba Sali זצ"ל


Antes de convertirse en el Gran Rabino Sefaradí de Israel, Rab Mordejai Eliahu sirvió como juez en un Tribunal Rabínico del sur de Israel, en Beer Sheva. Durante esos años, viajaba a menudo a visitar al famoso cabalista Baba Sali en la pequeña ciudad cercana de Netivot. Baba Sali, a su vez, siempre lo recibía cálidamente y mostró un gran afecto por el gran erudito de la Torá.

En los días que estaba en Beer Sheva, Rab Mordejai Eliahu dormía en una habitación alquilada en la casa de una familia local. Una noche, mientras estaba inmerso en la investigación de las complejidades de una ley judía sobre la que tendría que decidir en el Bet Din al día siguiente, llamaron a su puerta. Entraron dos jóvenes y le avisaron que el Baba Sali lo había invitado a (a sumarse) en una Seudat Mitzvá en la casa del Gran Rabino de Beer Sheva. El rabino les pidió que transmitieran su agradecimiento a Baba Sali por la invitación, pero desafortunadamente se vio obligado a declinar; todavía estaba en el año de duelo por su madre ע"ה, y por lo tanto no podía participar en ninguna celebración.

Poco tiempo después, los dos jóvenes regresaron. Dijeron que le habían transmitido su respuesta y razonamiento, pero que el Baba Sali dijo que de todos modos él debía venir a unirse a él en la comida, y que lo estaba esperando. Rabí Eliahu decidió que esta vez no tenía otra opción que obedecer la convocatoria; ¿cómo podría negarse a alguien de la estatura de Baba Sali?

Cuando entró en la casa donde se estaba llevando a cabo la celebración, vio que el Babi Sali estaba sentado a la cabecera de la mesa principal, su rostro sagrado irradiaba luz y pureza. Tan pronto como Baba Sali lo vio, hizo un gesto para que trajeran otra silla y que Rabí Eliyahu se sentara a su lado. Después de discutir algunos temas de Torá por un rato, el Rabino Eliahu pidió disculparse, explicando nuevamente que realmente no se suponía que participara en ninguna celebración alegre ese año, y también que necesitaba más tiempo para estudiar fuentes en preparación para el caso que tendría que juzgar en la corte al día siguiente.

Baba Sali actuó como si no hubiera escuchado.

El Rabino Eliahu se sentó en silencio por unos minutos más, y luego repitió su pedido. Baba Sali respondió: "¿Cómo puedes pensar en abandonarme aquí solo? ¿Quién se quedará para conversar así de Torá conmigo?"

El Rabino Eliahu se sentó en silencio una vez más, para entonces completamente desconcertado. ¿Por qué Baba Sali insistía en que se quedara? Seguramente él conocía la Halajá (que prohíbe a quienes están de duelo etc) tan bien como él mismo la conocía.

Mientras aún estaba reflexionando, la puerta se abrió y tres policías entraron rápidamente en la habitación. Detrás de ellos venía el dueño del apartamento en el cual se hospedaba el Rabino Eliahu. El Rabino se preguntó qué estaba haciendo allí y por qué había venido con los policías.

Mientras los cuatro se acercaban a la mesa principal, el Baal Habait exclamó: "¡Es él! Es el rabino Mordejai Eliyahu, que se aloja en mi apartamento".

Los policías se volvieron hacia el rabino Eliahu. Las grandes sonrisas en sus rostros indicaban que estaban muy contentos. "¡Qué afortunado es usted, rabino!", exclamó uno de ellos.

El rabino asombrado no sabía de qué estaban hablando. Pidió una explicación. Baba Sali, mientras tanto, ignoraba todo el procedimiento.

Los policías le recordaron al rabino Eliyahu que ese mismo día él, junto a otros dos colegas jueces del Tribunal Rabínico habían fallado en contra del padre en una disputada demanda de manutención infantil presentada por la ex esposa. El hombre era conocido en Beer Sheba por la policía por sus tendencias violentas. Parece que varias horas después del veredicto había jurado vengarse de las tres figuras rabínicas.

Los policías relataron que el hombre había ido a la casa de uno de los otros jueces y pidió que lo dejaran entrar. Al entrar, tomó en la mano la bolsa que previamente había llenado de barro y otras porquerías y la arrojó sobre la cabeza y la ropa del rabino. Después de eso, se apresuró a ir a la casa del segundo juez, donde esta vez no se conformó con avergonzar al rabino y dañar sus prendas, sino que lo golpeó brutalmente hasta el punto de necesitar tratamiento médico de urgencia.

Ese segundo juez trató rápidamente de advertir a sus colegas. Se puso en contacto con el primer juez y se enteró, para su consternación, de que ya había sido "agraciado" con una visita. Los dos intentaron inmediatamente contactarse por teléfono con el rabino Eliahu para advertirle. No hubo respuesta. Entonces llamaron al Baal Habait (donde se hospedaba), quien les dijo que el rabino había estado allí, y que había estado hace un rato inmerso en el estudio, pero que ahora no estaba. No lo veía por ningún lado. Se preocuparon mucho y llamaron a la policía.

La policía corrió a investigar y, al no encontrar rastro alguno del rabino Eliahu ni de nadie que supiera dónde estaba, temieron que quizás esta vez el violento vengador hubiera hecho algo aún más terrible, Dios libre. A medida que su preocupación crecía, pidieron al Baal Habait que los acompañara en la búsqueda. Mientras conducían, este último recordó de repente que el Rabino de la ciudad estaba organizando una Seudá, una comida de celebración. Con la esperanza de que esa fuera la clave de la desaparición del rabino Eliahu, habían venido en el patrullero para comprobarlo. "Baruj Hashem que te encontramos con vida y bien", concluyeron los policías en su informe.

Después de agradecerles su preocupación, el rabino Eliyahu se volvió para mirar al Baba Sali. Una leve sonrisa se dibujó en el rostro del santo sabio, como si dijera: "¿Nu? ¿Ahora estás de acuerdo en que tenías permitido quedarte aquí? Esta no es solo una comida de celebración; ¡es tu Seudat Hodaá por haber pasado por un peligro que amenazó con tu vida!"

Una historia de verdadera Hashgajá Pratit

Una interesante anécdota se cuenta acerca de dos jóvenes que, a pesar de su edad (e iban pasando los años), aún no se habían casado.

Decidieron viajar a Tzfat para sumergirse en la mikve del Arizal y pedir allí una Tefilá en los kivrei tzadikim. También planeaban pasar Shabat allí. Partieron un viernes por la mañana, pero demora tras demora y un tráfico sin precedentes los dejó en una Tajaná (parada de autobús) cerca de Tiberia con apenas media hora antes de Shabat.
Pensaron rápido y se acordaron de un amigo allí en Tiberia, por lo que se bajaron del colectivo con la esperanza de localizar su casa y tener un lugar donde quedarse para Shabat.
Llamaron a un taxi, pero no pudieron darle al conductor una dirección precisa. Con solo diez minutos restantes antes de Shabat, decidieron bajarse en un barrio cercano. Desesperados, se acercaron al edificio más cercano y llamaron a la primera puerta que encontraron.

El Baal Habait abrió la puerta y vio a dos jóvenes allí parados con bolsos y mochilas. Después de que le explicaran rápidamente su situación, los invitó felizmente a quedarse para Shabat. Se cambiaron y se dirigieron al Beit Kneset.

Durante la comida, compartieron con su anfitrión los desafíos que enfrentaron ese día y cómo terminaron en Tiveria con solo unos minutos de sobra antes de Shabat. El Baal Habait los tranquilizó y les dijo: "Todo fue Min hashamaim. ¿Creen que fue una coincidencia que los dejaran cerca de mi casa? ¿Creen que fue casualidad que tocaron justo a mi puerta? Déjenme explicarles lo que sucedió hoy."

Y continuó: "Necesitábamos una ayuda de Arriba en algunos asuntos familiares, así que mi esposa y yo decidimos viajar a Ucrania para pedir en el Kever del Baal Shem Tov. Nos encontramos allí para Shabat sin nada para comer, sin saber qué hacer. Entonces fue que conocimos a un grupo de yehudim de Estados Unidos. Fueron muy cálidos y acogedores, y nos invitaron a unirnos a ellos para Shabat. Tuvimos el Shabat más hermoso que hubiésemos podido imaginar, con una abundancia de comida para cada Seudá. Agradecimos a nuestros anfitriones y alabamos a Hashem por enviarnos personas tan amables para que se ocupen de nosotros.
Antes de dejar Ucrania, regresamos al kever del Baal Shem Tov. Inspirados por el increíble hajnasat orjim que experimentamos, hicimos un pedido especial que tengamos el zejut de poder cumplir con esta Mitzvá nosotros mismos.
Esta mañana volvimos del viaje. Mi esposa estaba completamente agotada, pero aún así se las arregló y preparó rápidamente comida para Shabat para poder luego descansar (del vuelo agotador). Un rato más tarde, nuestros hijos casados ​​llamaron para invitarnos a pasar Shabat con ellos. Sin embargo, ya estábamos dormidos cuando llamaron. En cambio, cocinaron para nosotros y nos trajeron una Seudá completa de Shabat. De repente, teníamos el doble de comida que necesitábamos.

Entonces, sonó el timbre y ustedes dos estaban allí parados en la puerta. En ese momento, todo encajó. Habiamos hecho una Tefilá de tener el Zejut de recibir invitados, y Hashem no solo preparó toda la comida, sino que también envió a los invitados que anhelábamos directamente a nuestra puerta."

Ese Shabat, la atmósfera tuvo una energía única. Se cantaron Zemirot, compartieron Divrei Torá y vivieron un Shabat verdaderamente edificante. 

Una semana después, un shadjan contactó a uno de los muchachos y le sugirió un Shiduj con la hija de la familia que los recibió. Un mes después, celebraron su compromiso.

Incluso si no se hubiese dado el shiduj, la historia seguiría siendo increíble. Aquella pareja entendió el valor de una Mitzvá y le pidió en un Davenen a Hashem la oportunidad de cumplirla. Hashem orquestó tantos sucesos para concederles esa oportunidad.
El shiduj fue un hermoso beneficio que salió de toda esta anécdota. Pero el propósito principal en este mundo es la Torá y las Mitzvot, y siempre que tengamos el zejut de realizar una Mitzvá, debemos reconocerlo y considerarlo como nuestra mayor ganancia.



Fuente: Reb David Ashear ("Sas Beimrateja")

24 de Tevet - Yortzait del Alter Rebe

24 de Tevet - Yortzait [Hilula] del Alter Rebe


Reb lejiel, el melamed, era un hombre pobre que vivía en Liozna. Nunca le había preocupado su situación económica hasta que sus hijas llegaron a la edad de casarse. Entonces comenzó a angustiarse.

"Escucha", le dijo su esposa, "sabes muy bien que gente de todas partes acude a ver al Alter Rebe para solicitar bendiciones y consejo. Tú eres uno de sus discípulos y nunca le has pedido nada concerniente a lo material. Ya nos hemos acostumbrado a la pobreza. Por lo menos, pide una Broje para nuestras hijas!"

"Cuando viaje a Liadi, para Yom Tev, lo haré" dijo Rab lejiel.

Ahora bien, quienes lo conocían a Reb Iejiel, sabían que cuando se encontraba con su Rebe, se sumergía profundamente en la espiritualidad de Torat Hajasidut, olvidándose literalmente del mundo y transportándose a una dimensión más elevada y espiritual.
En efecto, cuando entró en Yejidut, se absorbió tan completamente en los temas espirituales que olvidó totalmente sus necesidades materiales.

Desilusionada, su esposa, reiteró el mismo pedido para la siguiente visita, pero obtuvo los mismos resultados: su esposo olvidaba mencionar los problemas monetarios que tenía.

"Por favor, haz una visita al Rebe en un día de semana común y corriente..." le imploró la esposa. "Cada vez que lo visitas, parece que la atmósfera del Yom Tev te hace olvidar nuestras dificultades."

Viajó nuevamente Rab lejiel a Liadi en un día de semana común y corriente y entró a un Yejidus con el Rebe. La conversación nuevamente giró en torno a Inyonim, Musoguim, cuestiones espirituales y nuevamente Rab lejiel olvidó el motivo del viaje...

Al dejar la sala del Rebe, Rab lejiel recordó repentinamente todo el propósito de la visita. "¿Qué hago ahora?" se preguntó. "No podré entrar nuevamente porque hay muchos otros que esperan también para verlo. Sin saber qué respuesta le daría a su esposa, comenzó a dar vueltas sin rumbo alrededor de la casa. De repente, escuchó que el Alter Rebe lo llamaba desde la ventana. Lleno de alegría, Reb lejiel entró, esta vez recordando el pedido de su esposa. Pero antes que pudiera hablar siquiera, el Rebe le dijo: 
"Sé que has llegado hasta aquí en busca de una asistencia material. Quiero que sepas que en los Elyonim [reino espiritual] hay muchas Neshamot que se agolpan en los Portones del Cielo durante años esperando y ansiando que las hagan descender a este mundo para poder llevar a cabo una Mitzvá.  A estas Neshamot no les interesan las revelaciones del Gan Eden, no les importa la impresionante elevación espiritual que se puede experimentar allí. Sólo quieren poder volver a bajar a este mundo, y dispuestas a atravesar sus dificultades, todo con tal de poder cumplir una Mitzvá, de llevar a cabo la voluntad de Hashem en su sentido mas concreto posible.
 
"Tuviste el Zjus de tener en tu casa una Neshamá de tales características," termina diciéndole el Alter Rebe. "Mientras tú te enfocas en asuntos y mundos espirituales que te apasionan y te absorben, tu esposa busca y anhela el cumplimiento práctico y concreto de las Mitzvot." Y con esas palabras le otorgó una hermosa Brajá que encuentre dignos candidatos para cada una de sus hijas. 


Fuente: "Likutei Sipurim", Rab Gringlas.

20 de Tevet - Yortzait del Rambam

El día 20 de Tevet es el Yortzait del gran sabio de la Torá, Rabi Moshe ben Maimon, conocido como el Rambam o Maimónides. Descendiente del linaje real del rey David, nació Erev Pesaj del año 4895 (1135) en Córdoba, España.

Poco después de su Bar Mitzva, los musulmanes almohades conquistaron Córdoba. Estos fanáticos despiadados no toleraban otras religiones y los judíos se vieron obligados a elegir entre la conversión y el exilio. La familia vagó de un lugar a otro durante diez años, huyendo constantemente. Finalmente se establecieron en Fez, Marruecos, pero después de cinco años nuevamente tuvieron que buscar refugio en otro lugar. Partieron hacia Israel. Desafortunadamente, la Tierra Santa en ese momento estaba siendo devastada por los cruzados y no era segura para los judíos. En 1165 se establecieron finalmente en El Cairo, Egipto. Allí, además de sus múltiples funciones como rabino y maestro, el Rambam también fue designado miembro del personal de la corte de Saladino como médico real.

Fue en Egipto donde Rambam escribió sus fenomenales obras maestras sobre la ley y la filosofía judías, que lo harían famoso en su generación y para todas las generaciones posteriores. Algunas de sus famosas obras de la Torá son: Pirush HaMishnayot, un comentario sobre la Mishná, Sefer Hamitzvot, donde enumera las 613 mitzvot, y Mishne Torá, una explicación de cada una de las mitzvot y una codificación de la ley judía. También formuló los Trece Principios de la Fe (Ani Maamin) y escribió Moré Nevujim: Una guía para los perplejos, una obra filosófica magistral, que finalmente fue traducida a varios idiomas.

No solo fue estimado en el mundo judío. También fue muy conocido y respetado como médico, filósofo y científico. Sus escritos médicos influyeron en la práctica médica en todo el mundo durante siglos.

Cuando el Rambam sintió que se acercaba su fin, ordenó a su familia que lo enterraran en Eretz Hakodesh. Rabí Moshe murió a la edad de 70 años, en el año 4965 (1204).

La gente de todas partes se reunió para asistir al funeral. Cuando terminó la procesión, el ataúd fue colocado sobre un robusto camello y una caravana de cientos de amigos, familiares y discípulos lo escoltó hasta Israel. Después de cruzar la frontera, no se ponían de acuerdo en qué ciudad sería sepultado. Esto él no lo había dejado especificado.

De repente, una banda de beduinos armados atacó la caravana y todos entraron en pánico y se dispersaron en todas direcciones. Los beduinos, suponiendo que había un tesoro dentro del gran cajón, intentaron alejar al camello, pero no pudieron hacer que se moviera. Tampoco, por más que lo intentaran, pudieron sacar el cajón. Al final, levantaron la tapa, pero solo vieron un cuerpo dentro. Al darse cuenta de que se trataba de los restos de un hombre santo, pidieron perdón aterrorizados y huyeron.

La gente de la caravana regresó al ataúd. Para su sorpresa, el camello comenzó a moverse con determinación, por sí solo. El líder de la caravana advirtió a las demás personas que no interfirieran, sino que simplemente lo siguieran.

El camello continuó hasta la ciudad norteña de Tiveria (Tiberias), a orillas del lago Kineret. Caminó por las estrechas calles de la ciudad hasta que de repente se detuvo y se arrodilló en el suelo.

La gente comprendió que ese era el lugar donde debían enterrar al Rambam. Todos quedaron asombrados ante el maravilloso milagro.

Con el paso de los años, se erigió una hermosa estructura y un parque alrededor del lugar. Durante todo el año, y especialmente en el dia de su aniversario, miles de personas de todas partes del mundo vienen a visitar este lugar sagrado. Además, cada año se realiza un Siyum (finalización) de los catorce libros del Mishné Torá.

Allí figura prominentemente el siguiente lema:
"Desde Moshé (quien recibió la Torá) hasta Moshé (ben Maimon), no hubo nadie como Moshé".

La táctica del Yetzer Hará

Un discípulo del Noda BiYehuda había abandonado por completo su fe y se había convertido en cura. Al enterarse, el Noda BiYehudah buscó una forma de hacerlo regresar al judaísmo. Descubrió que el sacerdote tenía un horario fijo para relajarse en el porche de su casa y decidió visitarlo en ese momento.

Si el sacerdote respondía a su saludo, significaría que había esperanza de recuperarlo. El Noda BiYehudah se acercó a la casa, y el sacerdote le devolvió el saludo. Tras intercambiar algunas palabras amables, el Noda BiYehudah lo invitó al obispo a su hogar.

Una vez allí, el Noda BiYehudah abordó directamente el tema: "¿Qué te llevó a abandonar el camino de la Torá?"

El sacerdote respondió: “Una vez, en Pesaj, fui invitado a la casa de alguien [en esa época, los bajurim de la Yeshivá comían sus comidas diarias, llamadas teg, en las casas particulares de la ciudad] y encontraron un grano de trigo en una de las ollas. El Baal Habait me envió a preguntarte si la comida era kosher. Dijiste que la comida estaba permitida, ya que podemos apoyarnos en las opiniones indulgentes que la permiten. Sin embargo, agregaste que sería apropiado que no la comiéramos, debido a las estrictas leyes de Pesaj.

Regresé a la casa y les comuniqué tu respuesta. Eran personas temerosas de Dios y quisieron tirar todo, pero les supliqué que me dejaran una porción, lo cual hicieron, y la comí con gusto.

Después de este episodio, me empecé a sentir un Rashá y me concentré en mi bajeza. Mi desdicha y decaimiento me hizo hundirme cada vez más, hasta que, como ves, me convertí en sacerdote.”

El Noda BiYehudah le dijo: “Pero te dije que estaba permitido según la Halajá. ¡No había pecado en ello en absoluto! Por lo tanto, de ahora en adelante arrepiéntete de lo que has hecho y regresa a Hashem!”

El estudiante escuchó al Noda BiYehudah y se convirtió en un Baal Teshuvá.


Esta notable historia es una ilustración de la estrategia del iétzer hará. Hace que las personas se sientan inferiores y miserables, y luego caen en su trampa. El iétzer hará también hace que las personas estén demasiado ansiosas, lo que resulta en una pendiente descendente en su avodat Hashem.


Fuente: Reb Elimelej Biderman

El Profesor de Anipoli

El Profesor de Anipoli



Quien conoce el poder de la Tefilá, se dirigirá a Hashem cada vez que se enfrente a un desafío. No depositará su fe en ningún patrón o doctor. Más bien, confiará únicamente en Hashem y le pedirá lo que necesite, ya que sabe que Hashem es misericordioso y compasivo y que ayuda a todos los que le claman a Él.

En el libro Sipurei Tzadikim se relata la historia de cierto jasid que se enfermó (ר"ל). Fue a ver a muchos médicos pero no pudieron ayudarlo. Finalmente, fue a ver al Tzadik Rav Mordejai de Neshjiz para pedirle su Brajá. El Rebe le dijo: “Mi consejo para ti es que vayas a ver al profesor que vive en la ciudad de Anipoli.
Él te proporcionará tu cura.”
 
El enfermo no perdió tiempo en emprender el viaje a Anipoli. Todavía no existían los trenes en aquel entonces, por lo que alquiló una carreta que lo llevara en el largo viaje. Después de varios días, llegó a Anipoli y preguntó dónde podía encontrar al profesor. A quienquiera que le preguntaba lo miraba extrañado, diciéndole que ningún profesor vivía en esa ciudad. Entonces preguntó: "¿Quizás hay un médico aquí?"
Nuevamente, le dijeron que no había ningún médico en la ciudad, ni siquiera algún conocedor del rubro de la medicina. El hombre no podía entenderlo. ¿Por qué el Rebe de Neshjiz lo enviaría a una búsqueda inútil?!
Estaba muy molesto por haber perdido tanto tiempo. Regresó directamente a Neshjiz y le dijo al Rebe que no había ningún profesor, ni siquiera un médico mediocre, en toda la aldea de Anipoli.

El Rebe le preguntó: "Si ese es el caso, ¿qué hacen entonces las personas allí cuando se enferman?"

El hombre le respondió: "¿Qué pueden hacer? Ya que no les queda otra opción, depositan su confianza en Hashem para que los ayude..."

El Rebe entonces le dijo: "Ese es el profesor de Anipoli al que me refería. Debes confiar en el mismo profesor en el que confían los habitantes de esa ciudad cuando se enferman. Debes depositar tu plena confianza en Hashem.”

Inmediatamente después de que el hombre dejó al Rebe y comenzó a confiar en Hashem, ahora en un sentido más concreto y físico, comenzó a sentirse mejor, hasta finalmente curarse por completo.

El Bajur Yeshivá que pasó la prueba

Rab Efraim Wajsman destacó que cuando reconocemos que Hashem está detrás de todo, enfrentar nuestros desafíos se vuelve mucho más manejable. Para ilustrar este punto, compartió una historia personal.

Hace varios años, un amigo suyo, Eli, quien tenía 18 años en ese momento, visitó un museo en Eretz Israel. Al comprar su boleto de entrada, el vendedor le ofreció un descuento para menores de 18 años. Sin embargo, Eli respondió con integridad: "No, ya tengo 18 años, así que debería pagar el precio completo".

El hombre insistió: "¡Pareces menor de 18 años! El guardia nunca se dará cuenta. Paga solo la mitad, está bien". Sin embargo, Eli se mantuvo firme en su decisión de pagar el precio completo, demostrando su integridad.

Cuando Eli le entregó luego su boleto al guardia, el hombre sorprendentemente dijo: "Gracias, acabo de ganar 100 shekels". Eli se sintió confundido, y el guardia le explicó:
Cuando te ibas acercando a la boletería, él me dijo: ‘Mira, ahí viene un bajur Yeshivá. Probablemente intentará mentir sobre su edad, para pagar menos’. Yo le dije: ‘De ninguna manera. Los chicos de la Yeshivá dicen la verdad’. Y me demostraste que tenía razón."


El Rabino Wajsman concluye: "Esa fue una prueba difícil para Eli, pero Baruj Hashem, la superó. Imagina si Eli hubiera sabido de antemano que había una apuesta sobre su honestidad. Habría venido con confianza y habría dicho con convicción: 'Soy un Bajur Yeshivá, siempre digo la verdad y soy honesto!'

En realidad, así es siempre. Hashem nos envía pruebas para evaluar nuestra paciencia y respuesta. Si pudiéramos recordar siempre: 'Es una prueba, Hashem me la envió', podríamos superar estos desafíos con mucha más facilidad."



Fuente: "Shabbos Stories"

Un pensamiento de Hei Tevet


Sabemos que el Rebe instruyó a los abogados respecto al argumento que le presentaran al juez debía centrarse en el hecho de que la biblioteca y todo lo que poseía el Rebe no eran una adquisición personal, sino que era propiedad de los jasidim [Agudat Jasidei Jabad].

Este fue un enfoque que los abogados no consideraban viable originalmente, sin embargo, el Rebe formuló su decisión de que esta era la única manera de avanzar con éxito, y ellos siguieron su decisión. Como todos saben, en la declaración que dio la Rebetzin, ella dijo este punto: “¡Mi padre y todo lo que poseía le pertenece a los jasidim!”

Si bien una persona podría pensar que esta declaración son palabras mas bien espirituales, especialmente dado que el Frierdiker Rebe comenzó a comprar Sforim poco después de su Bar Mitzva, usando su dinero personal, lo que aparentemente demuestra que era una adquisición personal y le pertenecía como su biblioteca privada, no obstante, el Rebe nos está informando que no es así, y más aún, todos tienen esta capacidad de ponerse completamente a un lado y que su foco por entero sea el bien común.

Tal vez un incidente diferente de la vida del Frierdiker Rebe pueda arrojar luz sobre este aspecto. En 1942, el Rebe hizo una breve visita a Chicago. El programa era que estaría allí alrededor de una semana y partiría de Chicago el domingo por la noche. Sin embargo, inmediatamente después de la Havdalá, se le informó que su madre, la Rebetzin Shterna Sara, falleció ese Shabat, el 13 de Shvat. Entonces anunció a los que estaban con él que su intención era acortar su visita a Chicago y regresar a Nueva York esa misma noche.

Cuando los Rabonim de Chicago se enteraron de este cambio de planes, le rogaron que se quedara, ya que muchas personas estaban esperando ansiosamente tener un yejidut (una audiencia privada) con el Rebe ese Motzei Shabat.

El Rebe respondió: "Desde que entré en el trabajo comunitario, me hice a un lado [todos mis asuntos personales] y me dediqué a hacer lo que sea necesario en pos de la comunidad. Así que en este caso también, dejaré de lado mis propios sentimientos y haré lo que digan los Rabonim de la comunidad." 
Vemos que el mismo Rebe estaba diciendo que su vida personal está totalmente enfocada en la comunidad y no en sí mismo. Obviamente, este es un nivel sublime, sin embargo, algo podemos tomar de esto, al menos de vez en cuando, dejar de lado nuestro interés personal, deseo y ego y enfocarnos en cómo puedo ayudar a la comunidad en general.

La verdad es que ya nos comportamos de esta manera a diario, cuando se trata de nuestras interacciones con nuestra esposa/o, hijos e incluso en el trabajo, ya que en muchos casos nuestro foco está solo en sus necesidades y no en nuestras propias necesidades y deseos, por lo que lo único que Hei Tevet nos está enseñando es implementar esta mentalidad cuando se trata de servir a Hashem.


(De un Farbrenguen de Hei Tevet con Reb Sholom Avtzon)

Fabulosa historia del "Jánuca Live" (#2)

Aunque esta historia ocurrió hace más de treinta años, en Janucá 5752 (1991), la escuché recién este año, de boca de un miembro de la familia con la que ocurrió. También la verifiqué con mi hermano, el rabino Mordejai Avtzon, que es el sheliaj en Hong Kong, así como con otras personas que estuvieron involucradas en esta historia. Sin embargo, no menciono ningún nombre, ya que algunas de las personas involucradas en la historia pueden preferir el anonimato.

Por Reb Sholom Avtzon


Nuestra familia se crió en el marco de una gran comunidad judía, pero no éramos observantes. Sin embargo, con el tiempo, algunos de los chicos se fueron acercando al judaísmo auténtico hasta que toda nuestra familia se volvió observante. Sin embargo, ese sentimiento no se extendió necesariamente a la familia más amplia. A pesar de esto, mis padres mantuvieron una estrecha amistad con todos los miembros de la familia, ya que éramos un grupo muy unido. Todos asistíamos a las celebraciones de los demás y, a veces, nos reuníamos para hacer picnics o asados familiares.

Una de las hermanas de mi madre no tuvo una vida fácil. Aunque ella y su marido tuvieron la suerte de tener dos hijas, enfrentaron muchos desafíos, y sus hijas crecieron en un ambiente un tanto disfuncional. Una de estas hijas tenía aptitudes musicales y, cuando era adolescente, tomó lecciones con un profesor no judío. Bajo su guía, hizo enormes progresos y encontró consuelo en la música. Lo admiraba no solo como maestro, sino también como figura paterna o mentor, creyendo y sintiendo que él se preocupaba por su bienestar. Veía en la familia de su profesor una familia feliz y tranquila, algo que ella había anhelado durante su infancia. Al notar que los miembros de aquella familia eran religiosos (católicos), supuso que esa podría ser la clave de su plenitud y felicidad. Cuando él le sugirió que practicara algunos rituales religiosos, ella estuvo dispuesta a hacerlo. Al poco tiempo, comenzó a llevar una cruz en su collar, al igual que las mujeres de la familia (del profesor).

La siguiente vez que hubo una reunión familiar, asistió como de costumbre, pero esta vez, llevaba el colgante. Uno de sus primos, o tal vez un tío o una tía, le comentó que, si bien no eran religiosos, nunca llevarían una cruz y pensaban que no era apropiado que ella lo hiciera. Esto la ofendió tremendamente. Se preguntó por qué hacían de eso tanto problema. Sus padres y la mayor parte de su familia extensa, (además de los que se habían vuelto religiosos,) no eran observantes, y ella había sido criada sin valores judíos. Sentía que el judaísmo no le había dado la paz que ahora encontraba en sus nuevas creencias. Se fue de aquel encuentro decidida a cortar todos los lazos con la familia.

Unos meses después, cuando su profesor le aconsejó que conociera a un joven, ella aceptó de inmediato. Después de un tiempo, decidieron casarse. El hecho de que él no fuera judío no le molestaba porque, como ya se mencionó, ella no tenía ninguna conexión con el judaísmo. En ese momento, su profesión era la terapia musical y tocaba música para los pacientes en un hospital. Un día, mientras se relajaba en casa, comenzó a buscar en los canales de la televisión algo interesante para ver. Para su sorpresa, se encontró con una transmisión de un Rabino de pie junto a una Menorá mientras una gran multitud cantaba una melodía animada. No tenía idea de que el rabino era el Rebe de Lubavitch y nunca había oído hablar de él. Algo en ese momento captó su atención, tal vez la paz en su rostro o la alegría que emanaba de él y de la multitud, por lo que decidió quedarse a mirar.

Pensó que a algunos de sus pacientes, especialmente a los judíos, les gustaría esto, así que grabó el programa para mostrárselos más tarde. Quedó cautivada, especialmente cuando vio al Gran Rabino de Israel encendiendo la menorá en el Kotel y al Gran Rabino de Francia encendiéndola junto a la Torre Eiffel. Supuso que todos los individuos que encendían la Menorá en otros países eran personalidades prominentes. Luego vio a un niño, de unos once o doce años, encendiendo la Menorá en Hong Kong. Pensó que él también debía ser especial.

El rabino de Brooklyn empezó a hablar. Ella no entendía el idioma, pero siguió la transcripción al inglés que aparecía en la parte inferior de la pantalla. Lo oyó decir algo que le pareció muy profundo: que cada noche añadimos una vela a la Menorá y que esa luz adicional ilumina no sólo la habitación sino el mundo entero, incluso cuando la enciende un niño de Hong Kong. Le pareció fascinante ese concepto y se propuso compartirlo con sus pacientes. También decidió enviárselo a sus primos, pues se estaba dando cuenta de que todo lo que había estado buscando podía encontrarlo en el judaísmo auténtico.

Cuando mi madre, su tía, recibió la grabación, se emocionó al saber que su sobrina estaba dispuesta a reconectarse con el judaísmo y con su familia. La sobrina no sabía que el rabino que aparecía en la transmisión era el Rebe. Mi madre le escribió una carta al Rebe, explicándole que su sobrina había roto lazos con la familia y el judaísmo hacía muchos años. Ahora, después de ver el evento en vivo de Janucá con el Rebe, les había enviado una grabación. Mi madre le pidió consejo al Rebe sobre cómo ayudar a su sobrina a reconectarse con el judaísmo.

Reb Binyomin Klein, uno de los secretarios del Rebe, la llamó a mi madre con la respuesta del Rebe: debía revisar la Mezuzá del apartamento de su sobrina. Esto confundió a mi madre por dos razones. En primer lugar, le preocupaba que visitar a su sobrina sin invitación pudiera verse como una intromisión y alejarla de nuevo. En segundo lugar, sabía que su sobrina no tenía una Mezuzá, así que no había nada que revisar. Se lo comentó al rabino Klein, quien le respondió: “¿Qué harías si hubiera una Mezuzá y descubrieras que no es kosher? Comprarías una nueva. Así que ahora, cómprale una Mezuzá y envíasela. Incluso si no la coloca en el marco de la puerta, al menos tendrá algo judío con ella." Eso fue exactamente lo que hizo mi madre. 

Varios años más tarde, mi hermana se puso de novia. Mi madre invitó a esta sobrina a la boda, como lo había hecho en todas las Simjes anteriores. Nadie esperaba que ella asistiera, pero para sorpresa de todos, lo hizo, y esta vez ya no llevaba el colgante con la cruz. Cuando mi madre la vio, corrió hacia ella y le agradeció efusivamente por haber venido.

Durante el Sheva Brajot, un miembro de la familia contó toda la historia de cómo media hora de ver al Rebe en la televisión transformó la vida de esta joven, especialmente la declaración del Rebe sobre cómo una vela puede iluminar el mundo entero. Todos permanecieron en silencio, maravillándose por la Hashgajá Pratit de su encuentro con la transmisión anual del "Januca en vivo". De repente, el Joson (el novio) rompió el silencio y anunció: “¡Yo era ese chico en Hong Kong hace catorce años!”

Resultó que el nuevo integrante de la familia había sido el catalizador del regreso de esta prima a su familia y a su identidad judía. Unos años más tarde, fue bendecida con un hijo y lo inscribió en una escuela judía. Esta historia nos recuerda cómo la luz de una vela realmente tiene el poder de iluminar el mundo.

Jimmy Carter, un pedido y el dilema del Sheliaj

La revolución en Irán sorprendió al mundo occidental. Los ayatolas, liderados por Ruhollah Jomeini, lanzaron un ataque en Teherán que culminó con la toma de la embajada de Estados Unidos, tomando como rehenes a todos los trabajadores presentes. Esto afectó profundamente al presidente estadounidense Jimmy Carter, quien decidió encerrarse en la Oficina Oval en solidaridad con los secuestrados.

La primera vez que Carter salió de su encierro fue durante la cuarta noche de Januca de 1978. Salió a los jardines de la Casa Blanca para participar en el encendido de la vela de Januca, un acto que sería transmitido por todos los medios. Esta iniciativa fue promovida por el rabino Avraham Shemtov, Jasid y Sheliaj del Rebe de Lubavitch. [Y cabe destacar que fue el primer presidente de los EEUU que participó en un encendido público de Januca]

Carter se acercó a la Menorá. El rabino Shemtov pronunció un breve discurso sobre la luz de Januca que ilumina la oscuridad del mundo. y honró al presidente a encender el Shamash. El rabino tomó el Shamash de manos del presidente, pronunció la Brajá y encendió cuatro velas.

El presidente miró la Menorá y preguntó: "¿Por qué no enciende toda la Menorá?"  El rabino le respondió que esta noche es la cuarta noche de Januca y se encienden cuatro velas. Mañana, con la ayuda de Dios, se encenderá la quinta. El presidente, que era un gran creyente, dijo en voz alta, delante de todo el mundo: "¡Rabino, se lo pido, debido a la oscura situación del mundo, encienda toda la Menorá!" El rabino intentó negarse, pero finalmente cedió ante la petición del Presidente, y encendió toda la Menorá.

Desde allí, el rabino Shemtov fue al Rebe y le escribió, como de costumbre, acerca de la actividad y el tremendo éxito del evento. Pirsumei Nisa a una escala sin precedentes. No ocultó nada y añadió también el detalle del pedido del presidente. El Rebe comentó sobre este incidente con su puño y letra: "De tí esperaba más גאון יעקב". Fue una crítica dura: ¡¿dónde está tu orgullo judío y firmeza?!...

Esta historia ilustra un punto de vista general del Rebe:

La obediencia a las reglas de la Torá está por encima de todo, incluso por encima del Presidente de los Estados Unidos en medio de un gesto extraordinario hacia el judaísmo. La Halajá, tal como está escrita y sin concesiones, es la auténtica. ¿Y el presidente de Estados Unidos? Que nos acepte tal como somos. Sí, incluso el deseo de llegar a todos los judíos del mundo con las buenas noticias de Januca no justifica ninguna desviación de la Halajá.

Además, esta anécdota nos enseña una valiosa lección sobre cómo ofrecer críticas constructivas. La respuesta del Rebe no fue una reprimenda suave, para nada, pero estuvo imbuida de confianza y reconocimiento. Al decir 'Esperaba más de ti', el Rebe expresó su fe en las capacidades y valores del Sheliaj, y es precisamente esa confianza la que le permitió hacerle el comentario.



Fuente: De un artículo de Reb Shmuel Raskin

Las velas de Jánuca lo salvaron - Rebe Rashab

Al Rebe Rashab, Rabi Shalom Dobver, acudían muchos jsidim durante todo el año y especialmente en Simjat Torá. En este día, la alegría del Rebe superaba todos los límites y los Maamarim y Sijot de este día dejaban una impresión duradera para todo el años. Reb Pesajia era uno de estos jsidim, un adinerado comerciante de leños  y maderas.
Un año, al culminar Simjat Torá, Reb Pesajia entró a lo del Rebe Rashab a despedirse y recibir una Broje. El Rebe en ese momento  le preguntó: "¿Con qué frecuencia visitas tus bosques, durante el invierno?" Un ligero estremecimiento se apoderó de Pesajia al escuchar la pregunta inesperada, pero rápidamente respondió: "Apenas dejo el bosque en todo el invierno. Tengo una cabaña allí en la que me hospedo durante la temporada para asegurarme que trabajen bien los empleados y que todo se desarrolle de la mejor manera. Y debido a las nevadas se me complica regresar a mi hogar."

"¿Y qué haces con el encendido de las velas de Januca? Reb Pesajia estaba sorprendido ante el interés del Rebe por este detalle, y le respondió: "Como siempre, apenas llego al bosque, a mi cabaña, preparo las velas que encenderé allí mismo en Januca."
El Rebe pensó un poco y finalmente dijo: "Oye mi consejo. Puede que por las tormentas y nevadas se te complique llegar para Januca hasta tu cabaña, así que te sugiero que lleves contigo las velas de Januca adonde sea que te dirijas. De esa manera, podrás encender y cumplir la Mitzvá, incluso si no llegas a alcanzar tu cabaña en el corazón del bosque."

Unas semanas más tarde, Reb Pesajia se encontraba en el corazón del bosque, supervisando el trabajo de las decenas de trabajadores bajo suyo, y por supuesto Reb Pesajia ya tenía consigo las velas de Januca, a pesar que faltaba tiempo aún para la festividad. 

Llegó la primera noche de Januca y Reb Pesajia encendió las velas en la ventana de su cabaña en el corazón del bosque. Así lo hizo la segunda y tercera noche, pero algo muy diferente sucedió el cuarto día. En este día, Reb Pesajia se embarcó en una caminata en las profundidades del bosque, con su asistente judío a examinar un área específica en el bosque, donde los trabajadores talaban los árboles y los preparaban para los envíos. Casi olvidó la instrucción del Rebe de llevar las velas con él donde sea que vaya, pero su fiel asistente se lo mencionó y Reb Pesajia le agradeció con entusiasmo habérselo recordado.

Mientras van revisando la mercadería, se va poniendo el sol sin que se percataran de ello.

"¡Levanten las manos, si quieren quedar con vida!" Escucha de repente un grito ensordecedor. Sin poder recuperarse del grito se ve enseguida rodeado de rufianes armados hasta los dientes.
Reb Pesajia rápidamente sacó de su bolsillo varios rublos, tratando de complacer a los ladrones, pero estos estallaron con una risa burlona diciéndole "Qué es eso, te conocemos judío, sabemos que sos una persona muy rica; ¡danos toda tu plata!"
Las manos de Reb Pesajia temblaron, pero se vio obligado a entregar todas sus pertenencias, incluyendo el precioso reloj de oro y el abrigo de piel. "Les entregué todo lo que tenía", rogó con una voz temblorosa, "no me maten" pidió con súplicas, pero los ladrones sellaron sus oídos y dijeron: "Estamos seguros de que una vez que te dejemos ir, te apresurarás a denunciarnos a la policía! Así que aquí te quedarás..."
Los ladrones estaban indicándole que se preparara para su muerte.

"Al menos déjenme complir una última Mitzvá en vida", rogó Reb Pesajia y los ladrones accedieron a su último pedido. Con suma emoción, Reb Pesajia preparaba las velas sabiendo que es la última Mitzvá que podría hacer en su vida. Las Brajot salieron de su boca ahogadas en lágrimas y después de encender las velas, entonó con entusiasmo las melodías características, cuando los ladrones se preguntaban incrédulos acerca de la alegría del judío instantes antes de su muerte. No muy lejos de allí, el ministro Soblov cabalgaba con su séquito, regresando de una exitosa campaña de caza. "¡Vean allí!", el Ministro exclamó asombrado mientras señalaba hacia las profundidades del bosque, "unas delgadas y sutiles luces parpadeando". El ministro rápidamente llegó a la conclusión que alguien estaba en problemas e inmediatamente enfiló su caballo hacia la luz. Los ojos del ministro y toda su comitiva quedaron estupefactos cuando descubrieron a los ladrones rodeando a Reb Pesajia y a su asistente, y agitando una espada sobre ellos para matarlos. "¡Deténganse!" En cuestión de segundos y antes de que alcancen a reaccionar se encontraban bajo las cuerdas en las fuertes manos del ministro y sus acompañantes, los que se apresuraron a llevarlos a la policía. Reb Pesajia no podía creer todo lo que acababa de suceder, pero las palabras del Rebe, pidiéndole que lleve consigo las velas de Jánuca, hacían eco en sus oídos y ahora se dio cuenta de que todo esto el Rebe lo vio de antemano y le dispuso su salvación.

9 de Kislev Nacimiento y el 19 de Kislev el Bris - Significado de este Vort

Los jasidim señalan que Tes (9 de) Kislev es el nacimiento de un josid, mientras que Yud Tes Kislev es el Brit de un josid. La pregunta es ¿qué significa esto en términos prácticos?

De un Farbrenguen con Rab Sholom Avtzon 



Una vez, cuando el Miteler Rebe, Rab DovBer de Lubavitch, era joven, visitó a su suegro en Yanovitch. Allí se encontró con uno de los jasidim veteranos de su padre, el Alter Rebe. 
Notó en aquel josid y su forma de hacer Tefilá que tenía lo qué mejorar. Se acercó y le aconsejó con delicadeza la forma en que un josid debería hacer Tefilá y cuanto debería dedicarse a ello.

El jasid le dijo a Reb DovBer: "Tienes toda la razón, debo y voy a intentar mejorar mi Davenen, así como mi conducta en general. 
Sin embargo, déjame contarte un poco acerca de mí. Cuando Hashem decidió bendecir a mis padres, que son judíos comunes y corrientes, con un hijo, la Corte Celestial eligió al azar una Neshamá... Así que obtuve una Neshamá promedio o quizás por debajo del promedio. Mis sencillos padres estaban contentos, Boruj Hashem, fueron bendecidos con un bebé sano. Mi padre no era tan erudito y estaba ocupado ganándose la vida, así que ¿cuánto podían enseñarme él y mi piadosa madre? Pero hicieron lo mejor que pudieron y contrataron a un tutor para que me enseñara incluso más de lo que sabían. Crecí entre gente común, que tampoco pudo enseñarme tanto. 

Pero me criaron muy bien, me mostraron cómo debe vivir un judío, cómo amar a Hashem con cada fibra del alma, y ​​me esforcé por vivir a la altura de esas expectativas. Tuve la suerte de escuchar acerca de tu santo padre, el Rebe, y sus enseñanzas de Jasidut, y trato de implementar esas enseñanzas en mi vida lo mejor que puedo. 

Pero como dices tengo que hacerlo aún mejor y creo que tienes razón, intentaré mejorar. 

Pero ahora mírate a ti mismo. Cuando llegó el momento de que tus santos padres fueran bendecidos con un hijo, tu padre no iba a aceptar una Neshamá común y corriente. Exigió que se le permitiera entrar en la Cámara de las Neshamot y elegir la que él sintiera que era adecuada para su hijo. Su pedido fue concedido y él buscó y buscó hasta quedar satisfecho. Así que piensa en la exaltada Neshamá con la que fuiste bendecido.

Entonces, tus santos padres recibieron una Neshamá excepcional y sobresaliente. Luego, ellos fueron quienes te criaron y, además, tus padres pudieron elegir a los mejores tutores para enseñarte. Entonces, considera lo que te enseñaron, al crecer en ese entorno, estuviste rodeado de los jasidim más sobresalientes de tu padre y ellos te enseñaron mucho más. 

Una vez que me casé, tuve la obligación de mantener a mi familia. Mi sustento consiste en proporcionar a los agricultores las semillas que necesitan para plantar sus cultivos. Baruj Hashem, puedo mantener a mi familia. Pero el único inconveniente es que recibo el pago unos meses después, después de que los agricultores cosechan y luego venden sus productos.

Pero eso lleva todo un proceso. Tengo que ir a su finca antes de que empiecen a trabajar en los campos. Así que la primera reunión tiene lugar alrededor de las tres y media de la mañana. Para llegar a tiempo, me levanto antes de las tres. Pero el agricultor no está dispuesto a pagarme inmediatamente.

Primero, tengo que sentarme con él y beber un poco de vodka, y a veces se le une su esposa para conversar. Luego le muestro la cuenta y él intenta regatear. Finalmente, acepta que tiene que pagarme, pero afirma que no le han pagado todos los compradores, por lo que solo puede darme un pago parcial. Espera pagar el saldo restante en tres semanas aproximadamente.

Luego voy a visitar a otro granjero y toda la experiencia se repite una y otra vez. A las seis de la mañana empiezan a trabajar, así que vuelvo a casa y me preparo para la Tefilín. Primero voy a la Mikve, luego estudio algo de Jasidut, y a las ocho u ocho y media estoy listo para comenzar a rezar Shajarit.

Te das cuenta de que han pasado casi seis horas desde que me desperté y tomé algunas bebidas...en general creo que no lo estoy haciendo tan mal dadas las circunstancias.

Entonces, ¿puedo hacerte una pregunta? ¿Cuánto logré yo y cuánto lograste tú por tu cuenta?

Rav DovBer tomó estas palabras en serio y se dio cuenta de que había mucha verdad en ellas. De hecho, ¿cuánto de sus logros le fueron otorgados y cuánto méritos le corresponden personalmente? Este pensamiento lo carcomía y perturbaba, fue a la casa de sus suegros y le informó a su esposa que debía regresar urgentemente a Liozna porque tenía que discutir algo de extrema importancia con su padre, el Rebe. Al llegar a Liozna, después de prepararse para un Yejidut, entró a la sala de su padre, pero esta vez no entró como un hijo que va a su padre, sino como un Josid que va a pedirle orientación a su Rebe. 

Algún tiempo después, quizás algunas semanas o meses, aquel josid de Yanovich llegó a Liozna para verse con el Rebe y pedirle al Rebe que lo guiara para avanzar en su servicio a Hashem. 
Cuando entró a lo del Alter Rebe, el Rebe le dijo: "¡Gracias! ¡Gracias por hacer de mi hijo Berel un Josid!"

*

Así que aquí en esta historia, tenemos el nacimiento de un josid, así como la formación (o Brit) de un josid. Durante 16 o 17 años Rav DovBer consideró a su padre, el Rebe, como un padre que era muy erudito y sabio que guiaba a miles de yehudim. Pero luego, después de escuchar las palabras del josid de Yanovich, fue a su padre como josid. 

¿Cuál es la diferencia entre preguntarle a su padre como un hijo le pregunta a su padre, o como un josid le pregunta a un Rebe? La historia misma responde esta pregunta. El josid le preguntó: ¿qué lograste por tu cuenta? En otras palabras, un josid es alguien que está dispuesto a salir de su naturaleza y hacer algo que va más allá de su capacidad natural. 

Esto es similar a lo que escribe el Alter Rebe en el Tania, capítulo 15, acerca de la diferencia entre quien sirve a Hashem y quien no sirve a Hashem.

Él explica que aquel que no sirve a Hashem es aquel que repasó sus estudios 100 veces. Si bien eso es una gran hazaña, el defecto es que ese era el curso natural que todos seguían en aquellos días. En otras palabras, no se salía de su rutina. Sin embargo, aquel que sale de su rutina natural y estudia el tema 101 veces, esa persona está sirviendo a Hashem. Porque no hizo simplemente lo que le vino por naturaleza, sino que se esforzó por ir más allá de su instinto natural. 

Ahora podemos entender por qué se considera que Tes Kislev es el día en que nace un josid. Nacimos con algunos rasgos jasídicos que Hashem nos concedió y nos bendijo. Pero en Yud Tes Kislev es el día en que nos circuncidamos. 

La circuncisión es un acto de conexión que está más allá del intelecto, más allá de los instintos naturales, y esa es la definición de un josid. 

Un josid no sólo hace lo que le sale naturalmente, sino que se entrega a sí mismo para ayudar a otra persona, incluso si le es extremadamente difícil. Sale de su zona de confort y piensa en qué más se podría hacer para ayudar a esa persona. 

Por lo tanto, cada uno de nosotros puede ser verdaderamente un josid genuino. Sí, es cierto que un josid debe hacer Tefilá con Kavaná, y antes de rezar debe estudiar algo de Jasidut, y uno puede tener carencias en esos aspectos. 

Sin embargo, si una persona cambia su naturaleza para cumplir la voluntad de Hashem y hacer algo que el Rebe pidió a todos los jasidim, eso es un josid y con ese rasgo de superar su naturaleza, en este aspecto, superará su naturaleza en otros aspectos también, como estudiar y rezar apropiadamente, como debe hacerlo un josid.

El Baal Hatania es más fuerte que todos - Yud Tet Kislev

El Baal Hatania es más fuerte que todos 



Shlomo Freiman es clarinetista y saxofonista, y desde muy joven se sintió profundamente conectado con la melodía de "Arva Bavot" de Rab Shneur Zalman de Liadi, autor del Tania. Esto cuenta él:

"Cuando era un niño pequeño, mi padre me llevó a la celebración de Rabi Shimon Bar Yojai en Merón. Estaba allí y observé el encendido de la tradicional e imponente fogata del círculo jasídico de Toldot Aharon. Uno de los momentos culminantes fue cuando interpretaron la melodía 'Arva Bavot' del Baal Hatania, tocada magistralmente por Reb Jilik Frank. Nunca había oído esa melodía antes, y me cautivó profundamente, conquistando mi alma.
Era un niño sensible, y le pedí a mi padre que me comprara un disco donde se interpretara esa melodía. Desde entonces, sonaba constantemente en nuestro hogar. En todas las bodas que mis padres organizaron para sus hijos, se tocó esta melodía. De hecho, esa fue la razón que me motivó a aprender a tocar el clarinete, porque quería interpretarla tal tomo como lo hacía Jilik Frank.

La historia que tengo el honor de compartirles ocurrió hace unos meses, en el mes de Av 5784 (Agosto del 2024) en el salón 'Beit Brajá' en Beitar Ilit. Fui invitado a tocar en una boda donde ambas familias eran prominentes familias del círculo Litaí, y quienes ocupan posiciones respetadas en sus comunidades. Antes de la Jupá, el padre de la novia se me acerca y me quiere decir algo. Era evidente que era algo que importante, algo que le concierne.

'Nuestra familia somos descendientes del Baal HaTania', me dijo. 'En todas las bodas de nuestros hijos hasta ahora, hemos tocado la melodía de Arva Bavot mientras los novios estaban bajo la jupá. Desafortunadamente, en esta boda, mi consuegro me aclaró que (este Nigun) no era nada adecuado con el estilo y línea de su familia, y debo respetar su opinión.

'Pero si podés meter aunque sea algún fragmento... aunque sea pequeño, de esta melodía, te lo agradecería enormemente. Es sabido que durante la Jupá se hacen presentes las almas de los ancestros de los novios, y ciertamente la Neshamá de nuestro ilustre ancestro, el Baal Hatania, estará presente en la ceremonia. Es algo muy, muy importante para nosotros.'

Por el tono de sus palabras, sentí que principalmente quería desahogar su corazón conmigo, pero también comprendí que las probabilidades de que la melodía sea interpretada durante la Jupá eran escasas.

Entendía muy bien sus sentimientos. El momento de la Jupá es sumamente elevado, y no hay melodía más adecuada para ese contexto. Por mi experiencia como músico, puedo decir que la melodía de Arva Bavot es algo único. He tenido la oportunidad de interpretar diversas melodías y Nigunim de diferentes comunidades jasídicas, pero esta tiene algo especial que electrifica de inmediato a toda la audiencia. Desde la primera nota, puedes ver como la gente cierra los ojos, lágrimas brotan y una emoción sacude todo el cuerpo entre los presentes.
No se puede comparar con canciones (compuestas recientemente que están de moda,) pasajeras cuyo impacto emocional es efímero. El nigun de Arva Bavot es algo que toca cada corazón; es un regalo del Cielo, y tengo el privilegio de interpretarlo con reverencia y devoción. El hecho de haber estudiado Tania en la Yeshivá sin duda fortalece la conexión que tengo con el Baal HaTania.

Soy jasid de Zvhil, y nuestro Rebe aprecia mucho esta melodía. Da indicaciones de interpretarla en Seuda Shlishit de Shabat y me honra pidiéndome tocarla con el clarinete en ocasiones especiales, como Januca y Lag BaOmer.

Volviendo a la Jupá. La ceremonia comenzó, y como era de esperarse, se tocaron las melodías tradicionales. No había tiempo para incluir la melodía de Arva Bavot. Para la lectura de la Ketubá, se invitó a un destacado Rabino Posek Halajá, quien comenzó a leerla. De repente, se detuvo. Un silencio absoluto se extendió. Después de unos instantes, susurró a los padres de los novios: 'Hay un problema halájico. Es necesario reescribir la Ketubá.'

El rabino pidió a su asistente que le trajera una nueva Ketubá del auto y llamó a los testigos para que lo acompañaran al salón para reescribirla.
Sentí que era el momento perfecto. Sabía exactamente qué hacer. Alcé mi clarinete, le hice señas al tecladista y comenzamos a interpretar la melodía de Arva Bavot. No sabía cuánto tiempo tomaría solucionar el asunto, así que simplemente la toqué con calma y emoción. No hacía falta ser un experto para notar cómo esta melodía tan especial conquistaba los corazones de todos los presentes y cómo un sentimiento de elevación espiritual los envolvía a todos.

Justo en la última nota, cuando terminaba el Nigun y mientras pensaba qué haría a continuación, se abrieron las puertas del salón, y el rabino y los testigos entraron con la nueva Ketubá en sus manos.

El padre de la novia no pudo contenerse y se me acercó '¿Ves?', susurró, 'El Zeide, el Baal Hatania, es más fuerte que todos...'

La familia me agradeció enormemente la decisión que tomé allí. Todos destacaban la emoción que sintieron durante aquella melodía. Se convirtió en un tema de conversación en la familia, que inicialmente se lamentaba por no poder tocar el Arva Bavot durante la Jupá, pero que, finalmente, bajo las circunstancias de la Hashgajá Pratit, la melodía fue interpretada en su totalidad."



Fuente: Sijat Hashabua Vayesheb 5785

Aunque sea una gota - Yud Tet Kislev

A modo de preparación - A una semana de Yud Tes Kislev


De un Farbrenguen con Reb Sholom Avtzon

Una de las historias más famosas de Lubavitch es el Mashal (la parábola) que el Alter Rebe le contó a Reb Pinjos Koritzer (para calmar su enojo y sus reclamos), cuando se disgustó al encontrar algunas páginas de Jasidut volando por el aire en el patio del Maguid. ¿Cómo pueden los Talmidim del Maguid ser tan descuidados con los secretos de la Torá? ¿Dónde está su respeto?

El Alter Rebe le contó que una vez un príncipe estaba gravemente enfermo y los médicos le informaron a su padre, el rey, que la única forma de curar a su hijo era moliendo cierto diamante y disolviéndolo con agua. Si el príncipe bebía un poco de esa poción, se curaría.

Los sirvientes buscaron ansiosamente entre los tesoros del rey, pero fue en vano; no lo encontraron allí. Pero de repente uno de ellos se dio cuenta de que en realidad era el diamante central de la corona del rey. Sin embargo, a esa altura el príncipe estaba tan enfermo, sus labios se hincharon tanto que nadie podía garantizar que alguna porción de esta medicina logre entrar por los labios del príncipe, y sería una lástima destruir la belleza de la corona del rey para nada.

El rey les ordenó que de todos modos la molieran y la mezclaran con el agua. Explicó: “Lo único que se necesita es que una gota entre por sus labios. ¡Esa gota salvaría la vida de mi hijo! Sí, me doy cuenta de que el 99% restante se derramará en la tierra y se echará a perder. Pero eso no me incumbe en absoluto. ¡¿De qué vale la corona si el príncipe no vive?!

Así lo hicieron y, efectivamente, el príncipe se curó.

Así también, continuó el Alter Rebe, el pueblo judío es el hijo único de Hashem, y su vínculo estaba peligrosamente en riesgo (en los niveles más bajos), por lo que Hashem renunció a la joya de Su corona, las enseñanzas de Jasidut para revivirlos. Así, mientras algunas páginas se las lleva el viento en el patio, lo que no debería suceder, sin embargo, la pequeña cantidad de jasidut que fue absorbido por Am Israel los revivió.

Reb Pinjos Koritzer se apaciguó con esta respuesta y declaró: “¡Dichoso el maestro que tiene un alumno así!”

Si bien esta historia cumplió un propósito en ese entonces y salvó al Maguid de la acusación [que podría generarse de las palabras] de Reb Pinjos, el hecho de que nos la repitieran los Rebeim demuestra que también se aplica a nosotros. La pregunta es ¿qué podemos aprender de ella o cómo podemos aplicarla a nosotros mismos, en nuestra conducta diaria?

Cuando mi hijo estaba estudiando en Toronto (en la Yeshiva Ktaná), los padres de todos los alumnos fueron invitados a asistir a un farbrenguen de Shabat "Abot Ubanim" de padre e hijo. Durante Shabat, se les pidió a todos los padres que hablaran, y durante la comida del viernes por la noche y el farbrenguen dije lo siguiente:

Como todos los Bojrim habrán notado, estuve estudiando un Maamer entre Minjá y Kabalat Shabat. Seré honesto con ustedes, había partes del Maamar que no entendí. Y cuando alguien pasa una hora o muchas horas tratando de estudiar algo y no lo entiende, eso puede ser frustrante y, si le sucede a menudo, una persona puede perder la motivación de estudiarlos.

Sin embargo, hubo un segmento del Maamer que entendí bastante bien y me dio que pensar. Ese 'Vort' (pensamiento e idea) valió y justificó todo el tiempo que dediqué a ese maamar. Sí, hubiese sido bueno si hubiera entendido aspectos adicionales del Maamar, pero ese punto me impactó y valió la pena.

A la mañana siguiente, antes de Shajarit, un padre se me acercó y me dijo: "Gracias por lo que dijiste anoche. Hace casi diez años que participo semanalmente en un Shiur de Jasidut y, sin embargo, todavía no llego a comprender los Maamarim correctamente. Últimamente estaba pensando que tal vez debería dejar de asistir a ese Shiur y utilizar ese tiempo de manera más productiva, para estudiar algo que pueda entender.

Sin embargo, cuando dijiste públicamente que tampoco entiendes todos los aspectos del Maamar, pero que vale la pena por los aspectos que sí entiendes y puedes tomar en serio e incorporar, eso me fortaleció y ahora me doy cuenta de que yo también me he beneficiado mucho de los aspectos que sí comprendí, y volveré a sumarme a esa clase con un entusiasmo renovado."

Sí, el maamar que puedes estar estudiando puede ser largo y complejo, pero como dijo el Alter Rebe en este Mashal, si tan solo una gota de él entra en mi corazón, y el resto queda más allá de mí, esa gota puede revivir mi alma para servir a Hashem correctamente.

Esto se puede comparar con un yacimiento de diamantes o una mina de oro. Una persona pasa un día entero o varios días buscando un diamante u otras piedras preciosas y minerales y finalmente encuentra uno. ¿Se lamentará esa persona por el hecho de que se desperdició tanto tiempo y esfuerzo, o dirá que por el diamante que encontró, todo el esfuerzo valió la pena?

Aunque sea una gota, Jasidut puede revivir la Neshamá de cualquier Yehudí. Vale la pena cada momento invertido. 

domingo, 23 de febrero de 2025

Milagro insondable presenciamos el jueves pasado

הַגּוֹמֵל חֲסָדִים טוֹבִים לְעַמּוֹ יִשְׂרָאֵל



Un suceso increíble tuvo lugar el jueves por la noche, cuando unos terroristas colocaron cinco bombas en diversos colectivos en el centro de Israel con la intención de que exploten el viernes por la mañana, lo que podría haber matado y herido a cientos de personas (ר"ל).

Primero que todo, los dispositivos fueron programados “accidentalmente” para detonar el jueves por la noche en lugar del viernes por la mañana (9:00 pm/am). 

Segundo, que cuando dos de los dispositivos explotaron en autobuses en Bat Yam, lo hicieron minutos después de que haya culminado su ruta y los chóferes de los autobuses hayan estacionado los colectivos vacíos en la estación, por lo que nadie resultó herido B"H.
 
Tercero, que un pasajero de autobús estando alerta en Bat Yam vio a un terrorista que intentaba esconder una bolsa sospechosa debajo de un asiento y se lo informó al conductor unos minutos antes de que detonara. El conductor evacuó rápidamente a los pasajeros, condujo el autobús hasta una terminal, evacuó la zona y llamó a la policía. Poco después, antes de que llegara la policía, el autobús explotó por completo, pero nadie resultó herido. 

Cuarto, que después de las búsquedas, se encontraron dos dispositivos explosivos más en autobuses en Julón antes de que explotaran.

Le preguntaron al Rab Itzjok Silberstein cómo agradecer a Hashem por el inmenso נס.
Respondió: "Quien experimenta un נס debe recitar HaGomel. Entonces, dado que después de Birkot HaShajar, decimos todas las mañanas
 "הַגּוֹמֵל חֲסָדִים טוֹבִים לְעַמּוֹ יִשְׂרָאֵל",
cada persona debería poner especial Kavaná en estas palabras, especialmente por los Jasadim y Nisim que Hakadosh Baruj Hu nos concedió."



©JasidiNews 
__________________


📣Para sumarse al grupo de *Jasidishe Maises*: 

https://chat.whatsapp.com/Gwm3R4tolqRLKB4HtPwigH